sábado, mayo 9, 2026
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LO ÚLTIMO

DE FILOSOFÍA Y COSAS PEORES

 

Michael Torresini

Estoy desarrollando la arancelofobia, y no creo ser el único. Además, antes todo no soy ningún economista y luego por lo pronto podemos dejar el tema a lado ya que, finalmente, el T-MEC fue respetado. Nos fue bastante bien, particularmente en comparación con el resto del mundo, en comparación con el desastre global que la terquedad de Trump causó-caída del comercio de todo el mundo y de las bolsas de valores con quizá la única excepción de la de México que, junto con el tipo de cambio, se revaluó fuertemente antes y bajó otra vez ayer. Así que mejor cambie de tema y hable de lo que sé, no de lo que no sé. Sé de filosofía y de quiropráctica, así hoy voy a ilustrar la interesante concomitancia de las dos cosas. La filosofía tiene el gran poder de permitirnos de ver las cosas cómo son y no sólo cómo aparentan, y la finalidad principal de la columnilla que escribo ya desde hace muchos años consiste precisamente en superponer la razón a los sentidos para obtener sabiduría, algo más sencillo y al mismo tiempo más útil del mismo empeño filosófico.
En síntesis, se puede decir que la finalidad de esta columnilla mía es anteponer la razón, nuestro intelecto, nuestra inteligencia a las sensaciones, a las proclividades y a los sentidos. Y si la cosa no les queda suficientemente clara, voy a usar mi larga experiencia de quiropráctico para aclararla, una experiencia que tiene una constante muy insólita: demoro dos minutos a curar y tengo que hablar media hora para ser entendido, es decir para respetar el derecho que cada paciente tiene a saber que tiene, porque tiene lo que tiene y cómo voy a acabar con lo que tiene. Y esto que hago el mejor uso posible de la retórica para alcanzar esta meta, si por buena retórica se entiende lo que permita al hombre decir mucho con pocas palabras. Así que digo que todo lo que sentimos lo sentimos por los nervios y que todos los nervios salen desde la médula espinal-que se podría definir cómo la prolongación del celebro y que está en la columna, y salen a través de las vértebras que, si no están en su lugar, si están desplazadas, son la mera causa de todo, y su realineación la única verdadera solución permanente.
He repetido un sinnúmero de veces esto, lo he escrito en un folleto que doy a los pacientes nuevos-así que tampoco se puede explicar la falta de comprensión a mi acento, y sin embargo la gran mayoría de los pacientes no me entiende-lo que me lleva a la concomitancia prometida: los pacientes no entienden porque no están usando la inteligencia encima de los sentidos sino todo lo contrario: le duele el talón no la columna, le duele la rodilla no la columna; le duele el hombro, el brazo o el meñique no la columna. Sus sensaciones, lo que sienten no les permite entender lo que les explico-que talón, pierna o rodilla duelen porque las vértebras están oprimiendo los nervios que van de la parte baja de la columna hacia el pie-obviamente pasando por la cadera y las piernas, así cómo el hombro, el brazo o la mano le duele por vértebras desplazadas en la parte alta de la columna. Tenemos 24 vértebras-siete cervicales, doce torácicas y cinco lumbares. Y las torácicas son las únicas que no me cuesta trabajo explicar por la muy simple razón que el dolor es donde hay la causa, es decir donde hay vértebras desplazadas sin afectar necesariamente otras partes del cuerpo como las cervicales y, más que todo, las lumbares.

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