sábado, mayo 9, 2026
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De filosofía y cosas peores

 

Michael Torresini

Con el fin de promover el valor del comercio justo, se reunieron alcaldes y funcionarios locales de Estados Unidos, México y Canadá para solicitar que se respeten los acuerdos comerciales vigentes en las tres naciones. De acuerdo con un comunicado, esta reunión se realizó al término de una cumbre trilateral en Washington DC., con el fin de advertir sobre los altos costos que tienen los aranceles para las familias, empresas y comunidades locales: “Durante casi 30 años, el comercio en América del Norte ha aportado un inmenso valor a todas nuestras comunidades, creando empleos y reduciendo el costo de vida de las familias”, se indicó. El tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Canadá fue firmado por el presidente Ronald Reagan y el primer ministro Brian Mulroney el 2 de enero de 1988 con el objetivo de eliminar todos los aranceles al comercio entre ambos países, me acuerdo muy bien, pues fue el año de las olimpíadas invernales en Calgary, donde vivía yo.
Luego, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se firmó el 17 de diciembre de 1992 y entró en vigor el 1 de enero de 1994. Este acuerdo comercial fue suscrito por Canadá, México y Estados Unidos. Antes de esta fecha Canadá era el principal socio comercial de EEUU, y desde entonces México lo remplazó. Puntualizo ya que no fueron CASI 30 años sino 31 años y 3 meses. Los filósofos somos una gran lata porque lo queremos aclarar todo…Pero pormenores aparte, el punto focal de Trump para imponer aranceles es que sólo el 50% de los autos vendidos en EEUU son de fabricación local. Pero los aranceles no van a cambiar de mucho esto ya que la razón principal es que los coches japoneses son más competitivos. Un ejemplo, sólo un ejemplo: En los 70s el fabricante de coche más grande del mundo era la General Motors, ahora y desde hace rato es la Toyota. Hace treinta o cuarenta años China no producía un coche que valía la pena, ahora produce los autos más competitivos del mundo, junto a Japón y South Corea.
Y continúan estos alcaldes y personalidades inteligentes y éticas: “Nuestras naciones no tienen mejores socios comerciales, y cuando comerciamos con reglas justas, como en el marco del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), los tres nos beneficiamos”, sostuvieron. Detallaron que con el aumento de aranceles sólo se incrementarán los costos tanto para las empresas como para los consumidores de América del Norte, esto debido a que los “aranceles son impuestos que aumentan el costo de la vida, agotan las cuentas bancarias, ponen en riesgo las cadenas de suministro, los empleos, y perturban las actividades comerciales locales que impulsan las economías de las tres naciones”.
Ante este contexto, se apuntó que son necesarias políticas que fomenten la inversión y faciliten la circulación eficiente de bienes, así como de servicios a través de las fronteras para sostener la prosperidad económica y la creación de empleo. Y concluyeron: “Instamos a los líderes nacionales a priorizar a nuestras comunidades, poner fin a la guerra comercial y fortalecer nuestros países mediante un comercio libre y justo”. Ahora hay sólo que esperar que Trump los escuche y que, en lugar de imponer aranceles con su ya bien conocida y odiada prepotencia, obtenga lo que quiere simplemente devaluando el dólar, pues no hay mejor manera para frenar las importaciones y aumentar las exportaciones. La última vez mencioné la idea que define loca por difícil porque hablé del famoso 25%. Pero una devaluación del 10% no sería nada difícil y resultaría en lo que quiere este prepotente con un ego de león, la cabeza de un pollo y la catadura de un mastín-y sin enemistarse a todo el mundo, pues los aranceles aplican a algunos países, una devaluación aplicaría a absolutamente todo el mundo, obviamente-y sin que nadie se enoje.

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