Por Ruperto
Como el quince fue su día
se festejó a los maestros
hombres y mujeres diestros
y de tremenda valía,
sin ellos no se podría
educar a los pequeños
que cuando llegan risueños
a las aulas saben poco
y ahí se les nutre el coco
para realizar sus sueños.
El maestro es abnegado
para cumplir su misión
y se entrega con pasión
dejándonos un legado,
para ese apostolado
se necesita paciencia,
porque transmitir la ciencia
a quien empieza de cero
es labor de un alfarero
que a la tallar forma conciencia.
Yo estoy muy agradecido
de aquellos que me enseñaron
y con sapiencia me guiaron
a hacer lo que hoy yo he sido,
fue un camino recorrido
de la mano de ese guía,
que siempre te corregía
para no perder el rumbo
y no andar de tumbo en tumbo
desperdiciando energía.
Los maestros nos indican
los libros que hay que leer
en donde uno va a aprender
las materias que se aplican,
y también nos califican
midiendo lo que aprendimos,
y el resultado que dimos
será nuestro comportamiento
y así llegado el momento
se de a la vida racimos.
