De filosofía y cosas peores

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                                                   Michael Torresini

La valiente periodista Anabel Hernández se volvió escritora en 2010, cuando publicó su libro “Los señores del narco”, un libro que todo el padrón electoral mexicano debería leer, pues si lo hiciera, nadie se preguntaría porque AMLO no tiene más éxito en su cruzada contra la corrupción. Ni lo tienen que buscar en versión impresa, está disponible en formato PDF este librecito de casi 600 páginas, bien escrito y muy meticulosamente detallado, vaya un enorme trabajo que devoré durante el fin de semana. Ya tenía una buena idea de la magnitud de la corrupción en el país, pera ahora esta idea inicial se volvió enorme e increíblemente pavorosa.

La periodista analizó como se configuró la dinámica del crimen con la política en los últimos 25 años en el país. Pese a que la penetración del narco en la presidencia de la república data al menos de 1970, Anabel Hernández ha identificado que las relaciones entre el crimen y la política mexicana se volvió más obvio con Carlos Salinas de Gortari, cuando el mandatario tenía encuentros con capos como Amado Carrillo Fuentes.

De acuerdo con la reportera especializada en temas de narcotráfico, esos vínculos se volvieron codiciados con el paso de los años porque desde el Ejecutivo podía decidirse a qué grupos combatir, según las políticas de seguridad. La cosa no era una novedad, pero es con los Salinas que toma fuerza: os acuerdo que Raúl fue encarcelado con cien millones de dólares en un banco suizo, y otro hermano, lo sofocaron con una bolsa de plástico. De esto se habló poco, pero desde entonces se empezó a ver el plástico como peligroso para el planeta…

De acuerdo con el análisis de la periodista, es en esas convivencias cuando el narcotráfico consolida tal poder monetario que lo dota de fuerza para irse comiendo pedazos del Estado. Antes de ello, las autoridades aún tenían coacción suficiente para controlar a los grupos delincuenciales. Pero a raíz de que México se establece en una plataforma para el envío de cocaína hacia Estados Unidos y con el incremento de consumo de drogas en ese país, las facciones delictivas obtienen mayores ganancias aprovechando su papel como intermediarios del narcótico producido en Sudamérica.  Es ahí cuando estas bandas criminales se convierten en importantes cárteles con una gran capacidad económica para entonces ir con el gobernador y ponerle un precio, para ir con el jefe de la zona militar, comprárselo y ponérselo en el bolsillo, comprar armas, sicarios, vehículos, etcétera: es esta riqueza, este poder económico que le da la fuerza al narcotráfico. Y por esto AMLO puso contadores en lugar de policías, para pegarle duro en el bolsillo al crimen.

Por otra parte, Anabel Hernández se refirió a la tolerancia social del crimen, porque al final de cuentas “salpicaban dinero” y causaban el crecimiento de inversiones, por ejemplo, en el ramo inmobiliario. Lo mismo en ciudades como Guadalajara, Reynosa, Chihuahua, Culiacán, Tijuana, Puebla y la propia capital del país. Igual crecían negocios cambiarios, de ventas de ropa, vehículos lujosos y otros productos.

La idea en aquella época, ya con Ernesto Zedillo (1994-2000), era que el narcotráfico no afectaba a nivel interno, pues su negocio era hacia Estados Unidos y, en tanto el daño fuera para los vecinos del norte, no había mayores réplicas. Pero entonces se gestaba el proceso de descomposición en las entrañas del Estado, porque cambiarían las reglas del juego con el arribo de otras fuerzas políticas en el año 2000: Vicente Fox, quien obtuvo el voto por un partido distinto al que había estado por siete décadas en el poder, hubo un reacomodo de la dinámica entre narcos y políticos. Antes se brindaba protección a todos, porque cada quien se llevaba una tajada del negocio criminal y había ciertas reglas de convivencia. Pero todo cambió y hubo alineaciones con un bando: el del Cártel de Sinaloa, y se decidió combatir al Cártel de Tijuana, al Cártel del Milenio y al Cártel del Golfo. Fue Fox quien desató la violencia al enviar operativos a los bastiones de grupos enemigos con Genaro García Luna al frente de la AFI. La campaña entonces se llamó “México seguro”, con intervenciones en Tamaulipas y Baja California. De ahí que los narcotraficantes detectaron que el Estado usaba sus recursos para disputarle plazas. Es ahí cuando surgen los Zetas (que tío Fide acomodó amablemente aquí), y una serie de células armadas de estos carteles que dicen no vas a venir a mí, tú gobierno, a quitarme mi territorio pues para repartírselo al Chapo, al Mayo, et al.

De tal modo que cuando Felipe Calderón llegó al poder en 2006 siguió y reforzó la misma inercia, porque el Cártel de Sinaloa aportó dinero a su campaña, como a la de Fox, así como a la de Enrique Peña Nieto, de acuerdo con las indagatorias de Anabel Hernández; es decir, las decisiones del gobierno no fueron gratuitas, y cada pueblo tiene el gobierno que se merece…