De filosofía y cosas peores

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Cualquier ciencia tiene que ser conocida para poder ser entendida-física incluida. Por esto la teoría de la relatividad es inasequible a la mayoría, simplemente porque no es compuesta por físicos. De allí desprende la enorme ventaja de la filosofía que, no teniendo supuesto, no necesitando de un canon de conocimiento previo, puede llevar al entendimiento de algo ininteligible, precisamente porque la filosofía es el conocimiento de los conceptos: el planteamiento filosófico no necesita de saber las reglas del juego de cada ciencia; sólo necesita entender los conceptos sobre los cuales rige lo que cada ciencia determina. Veamos pues como este concepto aplicado a la teoría de la relatividad la explica sin la necesidad de conocer la física.

Descartes crea la física sacándola, no desde la experiencia, sino desde la razón, desde lo que él llamaba “le Tresor de mon esprit”-el tesoro de mi espíritu. Estas verdades que NO proceden desde la experiencia sino desde la razón pura, tienen un valor universal, son verdades a priori. Son apodícticas y por ende no pueden ser modificadas de ninguna manera-ni relativizadas en lo mínimo.

Todo bien salvo un punto: el hombre sólo ve, por así decirlo, el espacio euclidiano, sólo percibe la realidad tempo-espacial desde una perspectiva euclidiana, rectilínea. Pero la geometría euclidiana es sólo válida para “breves alcances” y debería ser llamada geometría de lo próximo. El genio de Einstein lo convenció que hablar de espacio es una megalomanía que conlleva inexorablemente al error: no conocemos más extensiones de las que medimos, y no podemos medir más que con nuestros instrumentos, con nuestros “órganos de visión científica”, por así decirlo, pues son ellos que nos determinan la estructura espacial del mundo que conocemos. Pero como lo mismo acontece a todo otro ser que desde otro lugar del universo quiera construir una física, resulta que esta limitación no existe en la real realidad: no se trata pues de reincidir en una interpretación subjetivista del conocimiento, según la cual la verdad es verdad sólo para un determinado sujeto.

Veamos el aspecto pragmático de lo antedicho que lo hará más inteligible: según la teoría de la relatividad, el suceso “A”, que desde el punto de vista terráqueo precede en el tiempo el suceso “B”, desde otro lugar del universo aparecerá sucediendo a “B”.

¿Quiere esto decir que una de estas dos percepciones falla? ¡De ninguna manera! Ni una deforma lo real; lo que ocurre es que una de las cualidades propia de la realidad consiste precisamente en tener una perspectiva; o, mejor dicho, la perspectiva ES una parte de la realidad. Espacio y tiempo son los “ingredientes” objetivos de la perspectiva física, y es natural que varíen según el punto de vista. De hecho, con esto Einstein confirma la doctrina kantiana de la subjetividad de espacio y tiempo. La perspectiva es el orden y la forma que la realidad toma para el que la contempla. Empero esto incluye necesariamente el factor humano-lo que es un error en el recinto propio de la física en el cual la perspectiva adquiere un valor objetivo, mientras se la consideraba como una deformación que el sujeto humano imponía a la realidad.

Cada personaje tiene que ser entendido en el ámbito de su tiempo, en su momento histórico, como se usa decir: La gran ventaja de Einstein fue que pudo provechar de dos descubrimientos, la inexistencia de lo que se llamaba éter y que se pensaba lo llenara todo (por esto fracasó el experimento de Michelson), y más que todo, el descubrimiento que la velocidad de la luz no es infinita, como se pensaba, sino de 300,000 Kilómetros/segundo en el vacío. Además, ya Pointcaré y Lorentz habían presentado los conceptos de la relatividad y por esto se consideran sus iniciadores. En la nota siguiente concluiré este tema interesante.

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