De filosofía y cosas peores

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Michael Torresini

¿Por qué es el bien tan indefenso? Apena se elaboran cuidadosamente unas horas de fortaleza, cuando el golpe de un minuto viene a echar abajo toda la estructura. Cada noche me encuentro aplastado por los escombros de un día destruido. Y si no viene el sueño, siquiera el sueño como una pequeña muerte para saldar la cuenta pesarosa de este día, en vano esperaré mi resurrección. Dejaré que fuerza oscura vivan en mi alma y la empujen hacia una caída acelerada…Pongo agudamente el oído en el humor informe de la noche, me inclino al silencio que se abre de pronto y que un sonido interrumpe. Espío y trato de ir hasta el fondo, de embarcarme al conjunto, de sumarme en el todo. Pero quedo siempre aislado, siempre a la orilla. Y desde la orilla dirijo esta carta que va a perderse en el silencio de la noche.

Antier dije que no sé escribir poesías, y como consuelo agregué que es mejor una prosa poética que una poesía prosaica-lo que constituye una de las dos razones por lo antecedente; la otra, la que me empujó a escribir algo bonito pero triste, digamos como una elegía en prosa, me la dio lo que pasó el mismo día. Pero para su cabal aclaración, hay que decir de antemano que, en mi modesta opinión, la amistad es quizá la mejor realización empírica de aquel amor que Cristo trató de enseñarnos con muy poco éxito. La libertad es el opuesto de la necesidad, y en nuestra vida tan llena de amores necesarios en el ámbito de la familia, sobresale lo que sentimos para un verdadero amigo, que es libre; libre de la costumbre que nos coacciona a querer un familiar, independientemente de sus méritos reales. Sin hablar del sexo pintado de amor y del hecho que supuestamente sólo podemos tener una pareja, mientras que no hay límite por los amigos. De allí a dichos como que un amigo es un tesoro, etc.

Mi soledad no es de cien años como la de García Márquez, pero sí es ya de un cuarto de siglo. Y vivo bien, como no, usufructuando del existencialismo que tanto trabajo me costó aprender. La soledad es parte intrínseca de nuestra naturaleza; para Heidegger, el hombre es arrojado en el mundo solo-y solo se queda hasta la muerte: Nosotros vivimos juntos, actuamos y reaccionamos los unos con los otros; pero siempre y en toda circunstancia somos solos. Los mártires entran en la arena mano en mano-pero serán crucificados solos. Hasta los amantes que tratan de fundir desesperadamente sus goces solitarios en una trascendencia única, finalmente gozarán solos. Per naturaleza propia, el hombre es condenado a sufrir y a gozar solo ya que, por así decirlo, somos islas de universos separados. Se pueden construir puentes, pero separados permanecemos.

Finalmente, todo lo que hacemos, lo hacemos por decisión propia. No hay absolutamente nada que tenemos que hacer, pues una vez nacido, el hombre como cualquier ser finito, tiene absolutamente que hacer una cosa y una solamente: morir. Todo lo demás es producto de nuestro libre albedrío-algo que nos costó mucha fadiga conseguir y por ende algo que debería de ser entendido claramente para ser usufructuado positivamente para nuestro deleite y goce. Muy, muy lamentablemente, casi nadie lo entiende esto, virtualmente nadie. Por esto los filósofos somos una especie en extinción: por lo que aseveré ya varias veces y en diferentes ocasiones-que los que mandan en el mundo son los grandes capitales, que no quieren un mundo de filósofos sino de gente que sepa hacer su trabajo-y hasta allí…Y la lamentable conclusión es que estos grandes capitales que tienen la batuta, que moldean nuestra vida a su antojo, no obtienen sólo lo que quieren, que seamos hombre-máquina, sino también y por consecuencia inevitable, que perdamos la conciencia, la clara conciencia de lo que las cosas son, que seamos esclavizados por nuestras sensaciones-el mero opuesto de lo que estoy tratando de hacer yo con esta columnilla mía, que es obedecer siempre a la razón por arriba de las sensaciones, pues de no ser así ¿de qué manera somos tan superior a los monos? La sinceridad absoluta del amigo del hombre, el perro, es debida precisamente a su falta de racionalidad.

Pero la manera más efectiva para dar color a este aburrimiento, es el planteamiento de los empiristas ingleses: la manera más certera para saber que algo es cierto, es si aconteció: mando un mensaje por WhatsApp a un amigo, le digo que a los amigos hay que acordarlos también cuando no se necesitan, y cositas así, y le agrego la última parte de mi nota de antier que, milagrosamente salió muy bonita. Y si produzco algo de bonito me gusta compartirlo con los pocos amigos cultos que tengo. Silencio. El día siguiente le marco y me dice que no tiene tiempo. En la real realidad, no es que no tenga tiempo, es que no tiene la vista suficientemente clara para verla, esta real realidad.