Michael Torresini
En Canadá y antes, mucho antes que se inventaron los smartphones, usando un camcorder o videocámara, aprendí que la moción de un lado a otro en inglés se dice to pan, mientras la de subir y bajar se dice to scroll. Esto último término todos lo conocen ya que es quizá lo que más hacen durante todo el día. El teléfono móvil ha pasado a convertirse en una extensión de nuestro brazo. Aunque sea una herramienta muy útil que nos permite mantenernos conectados y consultar en cualquier momento y lugar información que puede ser necesaria en el día a día, también es una fuente de entretenimiento vacío que frecuentemente lleva un deterioro de las capacidades mentales de la gente, en particular de los jóvenes o millennials y más aún de la generación Z. Los millennials (nacidos aprox. entre 1981 y 1996) y la Generación Z (nacidos entre 1997 y 2012) son grupos con mentalidades, hábitos de consumo y relación con la tecnología muy distintos: Millennials (O generación Y): Vivieron la transición del mundo análogo al digital. Recuerdan la infancia sin internet constante y adoptaron la tecnología de jóvenes. Generación Z (Centennials): Nativos digitales puros. Crecieron con teléfonos inteligentes y redes sociales desde la infancia. Y lo peor es que nunca usan su celular para aprender algo, una paradoja brutal que nunca podré entender: lo que me fascina acerca del Internet es que lo sabe todo, todito-y es lo que uso seguido-todo lo contrario de los centennials. Pero dejemos a lado el aspecto cultural que si no me meto a llorar, pues casi parece que la hayan prohibida la cultura, cultura para saber, no saber-hacer, como mandan los gringos. Veamos algo que debe interesar a todos, aunque odien la cultura, la salud: En primer lugar, el uso continuo del celular puede acabar afectando a la atención hasta quedar destruida: Todo el rato vas a sentir que necesitas estímulos rápidos y novedosos, por lo que actividades como “leer, hablar o pasear se te pueden volver muy aburridas”. Luego el scroll constante también afecta a la memoria. Al no haber pausas, la mente no procesa ni guarda bien los datos a largo plazo. Estos espacios vacíos son fundamentales para que el cerebro organice sus ideas, pero ahora cada pequeño hueco sin actividad se llena echando mano del teléfono. Esto llega incluso a afectar a la propia memoria de lo que se consume con el teléfono: “¿Cuántos vídeos que has visto ayer recuerdas? “.
Por último, la saturación de información también provoca que el cerebro no encuentre claridad para pensar o reflexionar con calma. Hice un esfuerzo para tratar este tema tan escabroso y triste para mí y creo la motivación me la dio un joven de 22 años con una habilidad increíble en cualquier cosa que atañe la computación…Sin embargo cuando le pregunté la superficie de México, no tuvo ni idea, entonces bajé Google Earth en mi laptop y concentré la imagen en todo Norteamérica enseñando claramente México, Estados Unido y Canadá y agregué que estos dos últimos tiene veinte millones de kilómetros cuadrados esperando que deduzca aproximadamente la dimensión de México, pero no pudo, pues en lugar de dos millones me dijo cinco-con la conclusión que un joven muy efectivo frente a un teclado, muy, muy rápido, no solamente no tenía ni la sombra de cultura, sino ni siquiera tenía la inteligencia para ver una comparación.
