Michael Torresini
Las prepotencias de Trump siguen causando problemas en todo el mundo, inclusive en su propio país, de hecho, el propio Trump no descarta una recesión en EU por sus aranceles: “odio predecir cosas así” dijo. Miren que paradoja: odia los efectos de su obrar, pero sigue así con la finalidad que inspira tanta confianza en Gringolandia de hacer la Unión Americana grande otra vez-algo que se pasó durante las décadas siguientes a la segunda guerra mundial cuando las oportunidades de cualquier emprendedor eran magníficas y avaladas por todo un mundo a reconstruir. Esta es la base del enorme poderío de EEUU-destruir y reconstruir. Me acuerdo en los primeros años del siglo durante la guerra que “Bushito”, o George W. Bush hijo, forzó sobre el mundo con su eslogan o conmigo o contra de mí; y para buscar armas prohibidas que nunca se encontraron-y no para el petróleo de más fácil extracción del mundo…Hasta parece que la familia Laden iba socia de la de Bush en una de las compañías más grandes del mundo…
Me acuerdo que ya en 2004 se estaba planeando en EEUU la reconstrucción de lo que destruyeron, ya se estaban repartiendo el pastel. O mejor empecemos desde el comienzo: EEUU no era el país más poderoso del mundo antes de la primera guerra mundial, desde su terminación y su primera victoria empezó a serlo.
En cuanto a los aranceles, aquí se está haciendo un excelente trabajo-ya sea fáctico que táctico: por un lado y por fin, Trump defino razonable lo que se hizo en materia de droga y migración, y por el otro parece que nuestra sagaz presidenta se haya hecho entender muy bien: recibió lo que quería, nada de aranceles en las mercancías sujeta al T-MEC, y un excelente inicio de cooperación mutua entre ambos países, lo que debería producir la buena política y los buenos políticos.
Yo vivo en México desde treinta años, pero sigo siendo ciudadano canadiense-y en Canadá la guerra comercial es más dura y en ambos sentidos, empezando con la salida del buen Justin Trudeau que será remplazado como primer ministro por un economista de 59 años, novato en política pero muy competente en economía, fue jefe del banco de Canadá Y de Inglaterra, nada menos. En las palabras del propio economista “Estamos confrontados a la crisis más grave de nuestra existencia”. Y creo que el nuevo primer ministro sea más, mucho más atinado para hacer frente a un duro como Trump. Trudeau es demasiado bueno y ético para esta tarea. En cambio, Carney es un frío banquero: En su discurso de aceptación como nuevo líder del Partido Liberal de Canadá, aseguró que los aranceles impuestos a la administración de Donald Trump seguirán vigentes hasta que Washington demuestre un trato más equitativo hacia su país. La decisión de Carney se enmarca en la reciente imposición de tasas a productos estadounidenses por un valor de 300 mil millones de dólares canadienses. El futuro primer ministro ha dejado claro que estos ingresos serán utilizados para apoyar a los trabajadores afectados por la guerra comercial. Mark Carney desafía a Trump y promete mantener aranceles hasta que EE.UU. “muestre respeto”, asegurando que Canadá no permitirá que su economía sea debilitada por políticas de división.
Pero la prepotencia de Trump hacia Canadá se ve brutal y claramente cuando no para de decir que quiere que Canadá sea el estado 51 de Estados Unidos. Lo más común en Canadá es decir I’m a proud Canadian, soy un orgulloso canadiense. La guerra comercial de Trump y sus palabras de convertir a Canadá en el estado número 51 enfureció a los canadienses, que abuchean el himno estadunidense en los partidos de la NHL y la NBA. Algunos cancelan viajes al sur y muchos evitan comprar productos estadounidenses cuando pueden.
Nacionalismo y civismo.
