ACERTIJOS

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*El que está acostumbrado a viajar, sabe que siempre es necesario partir algún día. Camelot.

LLEGANDO A MC ALLEN

El vuelo es muy corto, en hora y veinte llegamos, sucede que uno tiene que dejar la ruta para los veracruzanos, Veracruz-Reynosa en el Viva Autobús, perdón, Viva Aerobús, porque hace muchos meses por tierra no se puede entrar, desde el tiempo de Donald Trump, ese sujeto que se fue no al basurero de la historia, porque la mitad de la gente lo quiere, los Redneck y los racistas que le aman, cuando Trump se negó como AMLO a usar cubrebocas, y su pueblo lo siguió como a Moisés cuando abrió los mares, Estados Unidos fue el país de más contagios en el mundo, han llegado con más muertes que ninguno. Despegamos y comenzamos a ver las grandes montañas mexicanas. Un café y un panecillo de un tentempié y a esperar la llegada a Mc Allen, el piloto nos dice, en cuanto comienza a descender, que habrá turbulencia, hay mucho aire, tanto que, al bajar, rato después, despeina los pocos pelos que uno carga. Se mueve de un lado a otro, baila el avión su lambada pero nada del otro mundo, dos o tres zangoloteadas y aterrizamos, se le aplaude al piloto, y recordé a Picasso cuando dijo: “ no le tengo miedo a la muerte, le tengo miedo al avión” huelo a Texas, aquí en esta frontera donde la mercadotecnia de sus Mall o plazas comerciales se han engrandecido gracias a los mexicanos que les compramos cada vez que podamos, porque a la inversa de ellos, cuando hay crisis y los mexicanos no llegan y a nosotros nos da resfrío y a ellos pulmonía.

RUMBO A HARLINGEN

Silvia me espera y me lleva en su camioneta, voy rumbo a Harlingen, esa ciudad que está entre las dos grandes ciudades de este Valle texano, Brownsville y Mc Allen, sus grandes autopistas, estas y las de California son las mejores del mundo. Llegamos en 35 minutos, hace hambre, intento meterme a un sitio donde me gusta su sopita y sus papas fritas, Chick fil-A, cerrado al público, solo en el servicio al auto, nos formamos, tienen más venta en los servicios al auto que en el restaurante, colas enormes para comprarles. Me tomo mi sopa en el auto, como si anduviera en campaña y me voy al Mall, aquel centro comercial que, cuando entré, por poco lloro, la mitad de ellos cerrados en su totalidad. La maldita pandemia dejó fuera a millones de mexicanos que laboraban en Estados Unidos y aquí en la zona, la mayoría son paisanos mexicanos. Platico con una empleada, de los pocos sobrevivientes, ni para preguntarle, es por eso que Biden ayer aprobó en su Congreso una nueva ley para darles cheques a los que andan sin trabajo y subir a 15 dólares la hora de empleo. Aquellos negocios de perfumerías, de ropa, de alimentos, la mayoría cerrados, apagadas esas zonas, sobreviven algunos de ropa y las zapaterías, que el zapato siempre es indispensable. Poco antes de llegar veo la Militar Academy, su academia militar, su West Point texana, donde alguna vez la visité y cuando platicaba con el rector militar, aparecieron unos marines como esos que se ven en las películas, pintados del rostro y daban miedo. Aquí tienen el molde original del Monumento a Iwo Jima, ese que dicen los historiadores, la fotografía la tuvieron que tomar dos veces porque la primera vez les falló. Hay varios en muchos sitios, Washington tiene otra. Llego por la noche al hotel Country Inn de la cadena Radisson del Expressway, confortable como todos los hoteles texanos y también los veracruzanos, que son bellos y funcionales, y como el Orbe en mi aldea. Difícil situación para los empleos. Va a demorar todo este año que esta frontera se revitalice y logre tener los parámetros de venta de hace año y pico, cuando llegó la maldita pandemia. Les mejora la situación porque vacunan a 2 millones de americanos diarios, y su gobernador va a abrir todas las fronteras y todos los comercios y quiere, el muy lanzado, que ni cubrebocas usen, lo que ya le costó una crítica de Neanderthal del presidente Biden. Rolaré por aquí un par de días más y de regreso a casa, Ver lo que me falta y husmearé entre Brownsville y Mc Allen el par de días que por aquí vengo, en mi primer vuelo desde hace año y pico, cuando la pandemia nos dejó sin volar ni salir de casa. Me llama un amigo y me dice que en Mariano Escobedo ya comienzan a vacunar, él se vacunó con su señora, voy a Orizaba, por allá comienzan a ponerla.

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