Donde hay poca justicia es un peligro tener razón.
Cuando vivimos momentos tan complicados y con autoridades tan cuestionadas como en la actualidad, hacer una reflexión personal sobre nuestras acciones se convierte en un acto necesario y de enorme responsabilidad.
Es un hecho que cada día que pasa los gobernantes actuales pierden credibilidad ante la sociedad que día tras día escucha en los diversos medios informativos escándalos de corrupción, ineficacia y soberbia de quienes hoy gobiernan nuestro país. Lo más indignante aún es cómo estos gobernantes se han convertido en autoridades con una gran dosis de indiferencia ante el dolor humano.
Igual ocurrió con algunos gobernantes del pasado que llegaban al poder para servirse y no para servir a los ciudadanos; de hecho esa fue una de las razones principales por las que un pueblo harto de pocos resultados decidió cambiar el rumbo y optó por un partido que nunca había gobernado.
Jamás imaginaron los ciudadanos que en el presente las cosas seguirían igual o en algunos casos peor que antes. Millones de mexicanos se llenaron de ilusiones al escuchar repetidamente a los entonces candidatos frases como: “No robar, no mentir y no traicionar al pueblo”. Así lograron ganar, al principio del nuevo gobierno todo era color de rosa, pero el tiempo y los hechos fueron desnudando a la nueva clase política.
Tristemente los millones de ciudadanos que se llenaron de ilusiones en el 2018 cada día que transcurre se convierten también en millones de desilusiones al ver como el País, el Estado o el Municipio que ellos imaginaron como un mejor lugar para vivir, en algunos aspectos está empeorando.
No son las palabras, son los hechos. Los cañeros viven una de las peores crisis de los últimos años, los ganaderos ven como los insumos son tan caros que apenas y alcanza para sostener los ranchos.
Los petroleros viven con el Jesús en la boca, saben que si se enferman el sistema de salud de PEMEX en la actualidad es más deficiente que el de antes. Millones de mexicanos ya no tienen acceso al sistema de salud pública porque el actual gobierno desapareció el seguro popular.
El poder judicial está prácticamente desmantelado de autonomía, igual que siempre la población no confía en los jueces; en el caso de las Fiscalías igual que en el pasado muchos ciudadanos no denuncian porque desconfían de las propias autoridades y prefieren guardar silencio promoviendo así la impunidad.
Una educación deficiente, las carreteras y caminos llenos de baches, la falta de empleo y la inseguridad desbordada, entre muchos otros asuntos hacen que tengamos una sociedad con mala calidad de vida.
A pesar de todo esto es importante señalar con claridad que el gobierno del partido que sea no es el único culpable de las condiciones en las que vivimos en México, en ninguna parte del mundo los gobernantes son culpables de todo, en ninguna parte del mundo los gobernantes son los que resuelven todo.
En aquellos países que se consideran el primer mundo las cosas funcionan bien porque hay mayoritariamente buenos gobernantes, pero también hay buenos ciudadanos.
Un buen País, un buen Estado o un buen Municipio son posibles cuando los gobernantes y los ciudadanos hacen la parte que le corresponden a cada quien.
En México la mayoría de los gobernantes están reprobados, aunque nos duela escucharlo los ciudadanos estamos igual.
La participación responsable de los ciudadanos es fundamental para construir un mejor lugar para vivir.
En el comentario de la próxima semana analizaremos con profundidad qué tipo de sociedad somos los mexicanos y cuáles son las razones por las que nuestras acciones individuales y colectivas impiden que México cambie para bien más rápidamente.
No toda la culpa es del gobierno, nosotros como sociedad tenemos que asumir también la parte que nos corresponde.
Por lo pronto, tengamos claro que mientras no aceptemos en lo que estamos fallando como individuos y como comunidad jamás vamos a poder cambiar nuestro País.
