Decía el político veracruzano Don Fernando Gutiérrez Barrios: “Si son las doce del día y el pueblo dice que son las doce de la noche, pues entonces hay que prender las farolas”.
Mateo y Victoria son dos jóvenes que junto con sus hijos Liam y Noah forman una familia mexicana que radica en Estados Unidos; salieron del Estado de Veracruz desde hace 10 años por la situación tan difícil que vivían, la falta de empleo para ellos, un mal educativo y de salud para sus hijos, la falta de servicios eficientes como luz eléctrica y agua potable, la inseguridad y sobre todo la falta de oportunidades para vivir dignamente como familia; en fin una vida con futuro incierto los llevó a aventurarse y dejar su patria, alejarse de sus amigos y de sus familiares; salieron de la zona montañosa de Veracruz en 2015 en busca del sueño americano; debieron cruzar como migrantes ilegales diversos Estados de la República Mexicana; recorrieron cientos de kilómetros durante varias semanas sin poder bañarse, durmiendo junto con sus hijos en cualquier lugar, lo mismo dormían debajo de un puente que en la calle o incluso en el monte para no ser detenidos por la policía de cada Estado donde cruzaban, sufriendo desprecio y expresiones de rechazo en muchos lugares por donde transitaron, sufriendo también al ver a sus hijos a veces con hambre y a veces con sed, en muchos casos ni siquiera poder darles un dulce como consuelo de su amargo caminar, hasta que por fin a finales de 2015 llegaron a la última frontera en Tijuana, Baja California en México.
Cuando por fin se establecieron en la unión americana se sintieron libres y con la esperanza de construir un mejor futuro para ellos y para sus hijos, en el Estado de Arizona ambos encontraron trabajo y metieron a sus hijos a la escuela, todo iba bien en esta familia veracruzana que como millones de latinos ahora viven como ilegales en los Estados Unidos, desafortunadamente su tranquilidad terminó cuando el colegio electoral determinó que Donald Trump había ganado la Presidencia estadounidense en las elecciones del año pasado.
Ahora la familia de Mateo y Victoria vive en la zozobra pensando en el riesgo que los deporten a su país de donde salieron pensando que del otro lado del río Bravo encontrarían un mejor futuro; ahora están entre la espada y la pared, piensan en ellos pero lo que más los mortifica es el futuro incierto de sus hijos en caso de ser deportados.
Es fundamental que en México aprendamos de estas experiencias y cambiemos muchos de nuestros malos hábitos de gobierno, malos hábitos que practicaban los gobernantes del pasado y que desafortunadamente siguen practicando los gobernantes del presente.
Si no queremos que nuestros niños y jóvenes vivan la triste historia de Mateo y Victoria tenemos que educarlos para que estudien, trabajen y aprendan a ser productivos aquí en México.
Cada día la situación es más crítica para los migrantes ilegales que viven en Estados Unidos, por lo menos vendrán cuatro años de incertidumbre, zozobra y estrés para todos ellos pensando que en cualquier momento serán deportados y con ello terminarán muchos de sus sueños y proyectos. Tristemente el actual gobierno morenista tampoco ha sido capaz de construir mejores condiciones para millones de mexicanos que actualmente siguen teniendo la necesidad de cruzar la frontera de forma ilegal, arriesgando todo ya que en ocasiones el sueño americano termina en la peor pesadilla, en la actualidad los connacionales que viven en Estados Unidos son tratados de forma indigna y violentados en sus derechos más elementales cuando los deportan, en este sentido como lo cita la frase inicial, “hay que prender las farolas”, es decir el gobierno mexicano debe estar muy alerta para defender a nuestros paisanos que son deportados del vecino país del norte. Desafortunadamente lo más triste es que cuando los mexicanos deportados lleguen de regreso a la patria que dejaron en el pasado no encontrarán un país mejor que el que dejaron cuando se fueron, eso probablemente será su peor pesadilla… La migración es un acto de fe. Es dejar atrás lo conocido y aventurarse a lo desconocido. Es arriesgarse a lo incierto. Es creer que hay algo mejor más allá del horizonte…
