“Lo que los padres dan a sus hijos es exactamente lo que los hijos darán a la sociedad”
En la actualidad es común escuchar quejas sobre la escasa educación de los niños y jóvenes, sin embargo es importante reconocer que esta situación obedece en gran medida a que los padres de las nuevas generaciones han mal interpretado la forma en que se debe educar a los hijos; los padres del pasado basaban la formación de los niños y jóvenes en el respeto, la responsabilidad y la disciplina.
Esto ha cambiado y desafortunadamente ese cambio no ha sido del todo bueno.
Este mensaje va dirigido especialmente a aquellos que son padres jóvenes:
Un niño sin reglas no está creciendo en libertad, está creciendo en abandono; cada vez que decides no corregirlo para evitar conflictos, cada vez que cedes ante sus caprichos le estás quitando la oportunidad de aprender como funciona verdaderamente la vida, y es que en la vida real no todo se consigue llorando o haciendo berrinches, ni exigiendo sin dar nada a cambio. ¿Sabes qué sucede cuando no le enseñas límites a tus hijos? Pues crecen creyendo que el mundo les debe todo, que sus deseos están por encima de los demás y cuando la realidad los golpea -porque inevitablemente lo hará- no tendrá las herramientas necesarias para poder resistir, entonces el resultado será frustración, ansiedad, estrés, inseguridad y fracaso.
No poner límites a los hijos no es amor, es abandono disfrazado, porque es más cómodo dejar que hagan lo que quieran. -Pero a qué precio- Así los estás formando para que el día de mañana no te respeten ni respeten a los demás, no sean responsables de sus actos y no valoren el esfuerzo. ¿De verdad quieres que tus hijos crezcan así?; entendamos que los niños necesitan que alguien los guíe y ese alguien eres tú.
Si no le enseñas que hay consecuencias, que hay cosas que no se deben hacer y que la vida no es un buffet de deseos cumplidos estás fallándoles y ese fracaso se reflejará en ellos; en su incapacidad para respetar a sus maestros y a sus compañeros de clase, en su falta de empatía con sus amigos y en su inutilidad para enfrentarse a un mundo que no les va a perdonar su inmadurez.
Establecer límites a tus hijos no te hace cruel, te hace responsable; cuando le conscientes todo no les estás enseñando a valorar un sí, cuando corriges sus errores les estás ayudando a ser mejores, y cuando pones reglas estás construyendo el carácter que necesitan para enfrentar una vida que no será siempre justa, ni fácil.
Ser padres no es un concurso de popularidad, no eres padre para que tus hijos te aplaudan por decirle que si a todo lo que piden, no estás aquí para evitar que se enojen contigo, estás aquí para formar personas íntegras, fuertes y respetuosas.
No le tengas miedo a tus hijos, ten miedo de lo que serán si no los educas bien.
Piensa en esto: prefieres verlos llorar hoy porque no los dejaste hacer lo que querían o prefieres verlos llorar mañana porque no saben cómo manejar el rechazo, el esfuerzo o la responsabilidad.
Poner límites no es destruirlos, es salvarlos de un mundo injusto con quien no está debidamente preparado para enfrentar la adversidad.
Hazlo ahora, antes que sea demasiado tarde; el amor verdadero de un padre no cede, guía y toma el control porque el futuro de tus hijos depende de ti.
Papá y mamá tomen en cuenta que la firmeza que tengan en la formación de sus hijos hoy, será su fortaleza mañana.
