No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor tonto que el que no quiere entender.
En nuestro país durante muchos años era el gobierno el que organizaba las elecciones, era el gobierno el que contaba los votos y por lo tanto el que decía quién era ganador en una elección.
Durante décadas muchos mexicanos lucharon para consolidar un organismo autónomo que estuviera integrado por ciudadanos sin afiliación a los partidos políticos, y así poder evitar los fraudes electorales. Fue hasta el 11 de octubre de 1990 que por fin los mexicanos logramos tener un árbitro electoral lo más imparcial posible.
Se creó entonces el Instituto Federal Electoral (IFE) que en 1996 fue dirigido por el maestro José Woldenberg (primer ciudadano apartidista en presidir su consejo general), con el paso de los años se fortaleció aún más y se transformó en el Instituto Nacional Electoral (el actual INE).
En el 2018 llegó Morena al gobierno y empezaron a controlar todas las instituciones que millones de mexicanos habían logrado a través de grandes batallas sociales. Empezaron a poner a sus incondicionales en los organismos autónomos.
En los últimos años los partidos políticos de oposición, las organizaciones de la sociedad civil e incluso órganos internacionales advertían de los riesgos que implica para la libertad democrática que el gobierno en turno controle las instituciones electorales.
El gobierno morenista decía que no. Al final todos tuvieron razón, menos Morena. En estos días nos hemos dado cuenta del grado de descomposición y daño que los morenistas están haciendo a México, lo que llevó años construir, esta transformación de cuarta lo está destruyendo en muy poco tiempo.
Nunca antes en la historia del INE había renunciado un consejero presidente por actos de corrupción; todo empezó en 2023 cuando el entonces Presidente López Obrador y la mayoría morenista en la cámara de diputados apoyaron a Guadalupe Tadei para que asumiera esa responsabilidad, en lugar de proponer para ese cargo a una especialista decidieron proponer a una incondicional. En los últimos días ha salido en medios de comunicación el grado de descomposición que estas acciones están provocando en una institución tan importante para la vida democrática y la defensa de la libertad política en México.
Más de 240 millones de pesos en contratos asignados de forma indebida, tráfico de influencias y corrupción a su máximo nivel son la herencia que la supuesta cuarta transformación está dejando en el Instituto Nacional Electoral.
Este INE de Guadalupe Taddei es el que permitió los acordeones ilegales en la elección del poder judicial, el mismo que nunca atendió las denuncias del uso de dinero sucio en campañas políticas y también es el INE que le dio una sobre representación ilegal a Morena en la Cámara de Diputados.
Tal vez a muchas personas esto que está pasando en el INE no les importa; a nadie le importan los muertos hasta que son sus muertos, a nadie le importan los desaparecidos hasta que el que desaparece es un familiar o un amigo, a nadie le importa la falta de medicinas en los hospitales públicos hasta que le toca a su enfermo.
Guardar silencio en un momento como este en el que está en riesgo una institución tan importante para México, es un acto de indiferencia, de complicidad y sobre todo de cobardía. Porque no solo se trata de todo lo malo que está ocurriendo en el INE, sino del país sin libertades que le estamos heredando a las nuevas generaciones.
Si a estas alturas y con todas las evidencias usted no cree que los morenistas roban, mienten y traicionan; entonces la conclusión es tan sencilla como el principio de este comentario “No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor tonto que el que no quiere entender”.
