jueves, mayo 7, 2026
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LO ÚLTIMO

DE FILOSOFÍA Y COSAS PEORES

 

Michael Torresini

 

Tom Hank es uno de los pocos buenos actores americanos que todavía se ven; su película que más me gustó fue la primera que vi hace varios años, Naufrago. Luego vi varías cómo Forrest Gump que sí es bien trabajada, pero algo aburrida y finalmente vi su última, girada hace un par de años cuando tenía 63 años y titulada Un vecino gruñón que os aconsejo ver. Personalmente la escogí para ver si puedo identificarme en algún modo con ella-y el resultado fue totalmente negativo afortunadamente, pues Hank se enojaba por detalles cómo el estacionamiento o la vigencia del permiso de circulación, vaya, peor que un agente de tránsito, mucho peor-y mucho peor que yo que sólo me enojo cuando me enfrento con la estupidez de la forma más pura, más persistente e infinita, cómo decía Einstein. Acuérdense que nada es sin causa y la causa de mis enojos es mucho más válida de la de Tom en esta peli que sin embargo os aconsejo ver…
El viernes me llegan dos pacientes, en taxi desde Gabino Barreda, sin llamadas previa ni nada; se tomaron la molestia de venir en taxi desde lejos; evidentemente oyeron cosas muy buenas de mi… Uno llevaba ocho años con la famosa ciática y el otro cuatro y nunca habían venido a curarse conmigo antes-años de sufrimientos que yo curé en unos minutos. Creo que me entendieron bien cuando expliqué que todo lo que sentimos lo sentimos por los nervios y que todos los nervios salen desde la columna hacia todo el cuerpo a través de las vértebras que, si no están en su lugar, son la única causa de todo y su realineación la única solución. Sólo tuve que hacerles entender que no estamos hablando de tendones y logré la meta. La mayoría de mis pacientes nuevos hablan de tendones, pues están perdidos en la niebla que los circunda, así que yo los encamino hacia la realidad enseñando mi bíceps y el grueso tendón inferior que los tienden. Los tendones tienden los músculos, nada más; tenemos quizá unos diez metros de tendones, mientras que tenemos ochenta KILÓMETROS de nervios en el cuerpo.
De allí pasé a la otra dificultad que la ignorancia local me obliga a explicar: Las vértebras son de hueso y no son una figura geométrica, son irregulares y literalmente se escarban su propia cuna en los blandos anillos intervertebrales que hay entre ellas. O simplemente digamos que se acostumbran a estar donde han estado y en dos días empiezan a correrse donde estuvieron por demasiado tiempo. Es la gran limitación de cualquier buen quiropráctico que se soluciona repitiendo la alineación en dos días un número de veces mínimo, necesario y suficiente para acabar con esta mala costumbre y conseguir la curación permanente. Además, para facilitar la cosa bajo el cobro de cien pesos cada sesión. Para aclarar mejor aún el concepto añado que mi trabajo me fascina cuando alguien acaba de caerse-entra en andadera o muleta y sale corriendo. O que, en Canadá, donde la quiropráctica es parte del seguro social desde medio siglo, se pasa con un quiropráctico saliendo de bachillerato, es decir acabando de crecer, precisamente para que las vértebras no se acostumbren a estar desplazadas. Digo todo lo anterior dos veces a un paciente-en presencia del otro, y otra dos veces al otro que, al final, visiblemente alivianado y satisfecho me pregunta cándidamente: ¿Tengo que volver?

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