Michael Torresini
Hay algo que no entiendo acerca de mi trabajo: cuando hablando con amigos y conocidos digo que tengo pocos pacientes, todos me contestan que no hay dinero-así coloquialmente hablando. Pero en la real realidad el hecho que estamos atravesando un periodo económicamente malo debería ser una razón para que la gente acuda conmigo más, no menos. Pues yo y sólo yo creo, curo con lo que pueden darme. Normalmente cobro quinientos pesos la primera sesión y continúo con cuatro, tres dos y cien pesos si hay que repetir el tratamiento. Pero no lo exijo, si un paciente acude conmigo por primera vez y no tiene los quinientos pesos no importa, me da lo que puede-incluyendo nada, particularmente si no me hace hablar tanto sin entender nada, particularmente si simplemente se relaja, se pone como yo digo y me DEJA curarlo. Y la cosa no es tan generosa como parece, aunque no creo que haya médicos que no cobren nada. Mi oferta no es tan magnánima como suena ya que demoro dos minutos a curar y a veces tengo que hablar media hora para aclarar toda la enorme confusión e ignorancia de los pacientes. Por esto uso esta vía pública para que la gente entienda que todo lo que siente lo siente por los nervios. De no ser por los nervios no sentiríamos nada. Un buen ejemplo es lo de un diente que duele y que el dolor pasa totalmente quitando el nervio, haciendo endodoncia. Somos llenos de nervios, así como somos lleno de venas y arterias. Nadie se sorprende si le sale sangre desde cualquier punto del cuerpo donde nos cortamos y lo mismo aplica a los nervios que están en todo el cuerpo, Y así como todas las arterias salen desde el corazón, todos los nervios salen desde la columna a través de las vértebras que, si no están en su lugar, son la causa de toda molestia y su realineación la única verdadera solución-y esto se asienta en la regla más importante de todas que NADA es sin causa, que todo tiene una causa. Si se quiere acabar con cualquier cosa indeseada, hay antes todo que entender su causa-y acabar con ella. Si se rompe una llanta hay que cambiar la llanta, no la salpicadera que la cubre. En este caso lo que estoy tratando de aclarar desde mucho tiempo, con mucho esfuerzo y con poco éxito es contundentemente claro-lo que falta entender es que el mismo concepto aplica a cualquier molestia que es causada por vértebras fuera lugar.
