martes, julio 14, 2026
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De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

El pasado 1 de julio, el representante del USTR, Jamieson Greer, confirmó el escenario que el consenso consideraba más probable, al declarar que Estados Unidos no está en posición de extender el T-MEC en sus condiciones actuales por los próximos 16 años. Este hecho, por sí solo, no marca el fin del tratado. Conforme a la cláusula “sunset” (artículo 34.7), activa el mecanismo de revisiones anuales que, a menos que se alcance un acuerdo o que alguno de los tres países decida retirarse unilateralmente, podrían extenderse hasta el año 2036, que es la vigencia original del tratado.

Este proceso representa una oportunidad para que la región fortalezca su plataforma de coproducción y, si México juega bien sus cartas, para que el país se consolide como un destino estratégico para la inversión privada. Esto pese a lo que ya dije acerca del efecto negativo que inevitablemente la revisión anual provocaría en la inversión.

Ante las múltiples declaraciones previas Trump sobre su intención de no continuar con el tratado, al menos en su forma actual, los analistas ya apostaban a este desenlace, con revisiones anuales durante los próximos diez años. Por eso, las variables más sensibles del mercado, como el tipo de cambio, no registraron un efecto negativo ante el anuncio de que el T-MEC no sería renovado por otros 16 años. El mercado ya había incorporado este escenario a sus predicciones, así que tampoco cabría esperar un cambio brusco en la tendencia de la Inversión Extranjera Directa (IED).

Finalmente, México sigue siendo un mercado atractivo para los inversionistas, pues a pesar de la incertidumbre generada por los cambios en el panorama del comercio mundial, el país conserva una combinación única de cercanía con Estados Unidos, manufactura y capital humano especializado, así como infraestructura industrial (con el gran pendiente de generar energía suficiente), costos operativos eficientes y conectividad multimodal. Sin embargo, buena parte del crecimiento reciente en IED proviene de la reinversión de utilidades y un mayor flujo de IED no refleja, por sí mismo, mayor producción en el país. Se trata del registro de flujos financieros que, en el mediano-largo plazo, buscan traducirse en Inversión Fija Bruta (IFB), la cual sí amplía el capital físico de la economía y, por lo tanto, sí abona al crecimiento económico del país.

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