Michael Torresini
Lo que más me molesta en mi trabajo de quiropráctico es el hecho que alguien venga a curarse y no me lo permita. La quiropráctica la estudié en Canadá, donde se inventó, donde es parte del seguro social desde medio siglo y donde estudiamos tantito más de un médico, pese al hecho que no sabemos ni la mitad de lo que ellos saben-no sabemos curar ni el hígado, ni los pulmones, ni el corazón. Pero, así como un cardiólogo es un especialista del corazón, nosotros somos especialistas de los huesos y los nervios en general y de la columna vertebral-que curamos en minutos sin riesgos ni problema de ninguna clase.
Pero para poderme entender a cabalidad hay que tomar en consideración que antes de quiropráctica estudié filosofía para tener una visión más clara de lo real-y por esto me molestan más las absurdidades-precisamente como la susodicha. Por esto digo lo que dije, no por mi ego, sino para que el paciente se relaje, pues si no se relaja es como si me atara las manos-y la cosa es más absurda aún si nos damos cuentas que localmente no hay doctores en quiropráctica; en Veracruz hay varios, la mayoría franceses: estudiaron cinco años y lo que más quieren es hacer dinero, hablémonos claro. Miren la cara del médico joven y con una gran sonrisa frente a un paciente en el enorme tablero que hay en la carretera federal cerca de la vía: el hecho mismo que está allí es la prueba. Otra prueba es la del Dr. Sañudo, en Xicohtencatl, que no te toma si no le firma un acuerdo de 12 sesiones. Un gran descaro, pues si uno acaba de caerse en una sesión queda, si lleva tiempo hay que repetir cada dos días, es decir hay que volver a realinear las vértebras que se han acostumbrado a estar fuera lugar. Yo nunca he llegado a diez sesiones y bajo el cobro a cien pesos desde la cuarta sesión.
Realineando las vértebras que no están en su lugar, acabo con cualquier molestia en todo el cuerpo, cualquier molestia que no tenga una causa tópica, o sea si le dieron un golpe en la rodilla no hay nada que yo pueda hacer más que cualquier médico; pero en la gran mayoría de los casos la rodilla duele porque es la única parte de la pierna que se dobla continuamente, pues los nervios más grueso y largo que tenemos son, respectivamente, el ciático y el tibial-una línea recta de como medio metro que baja desde la parte baja de la columna al mero talón. Por esto a veces no pueden pisar, entran en muletas y salen corriendo con la sola realineación de la o las vértebras que oprimen estos nervios. Estos casos son los que más satisfacción me dan, pero no se pasan seguido, en cambio los de las rodillas son muy frecuente y al final, cuando el paciente me dice complacido que ya no le duele, yo me tomo el gusto de decirle que yo ni toqué su rodilla.
