jueves, mayo 21, 2026
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De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

Mencioné recientemente la máxima socrática que tengo afuera de mi puerta-Sólo hay un bien, el conocimiento, sólo hay un mal, la ignorancia. Al cual yo agregué: si piensas que la cultura cueste cara, pregúntate cuánto cuesta la ignorancia. A veces, con mis pacientes de rancho se llega a pensar que mi cultura sea un problema-por esto también puse la máxima socrática, para que se entienda claramente que mi cultura no es un problema, sino la ignorancia ajena, particularmente acerca de la quiropráctica-que se confunde con los hueseros, pues ni los médicos entienden bien la quiropráctica, por esto sigo explicándola de la manera más clara y rápida posible-todo lo que sentimos lo sentimos por los nervios y todos los nervios salen desde la columna hacia todo el cuerpo a través de las vértebras que, si no están en su lugar, son la causa de toooodo, y su realineación la única solución. En los casos más impenetrables uso una analogía contundente y digo-si ud tiene un dedo en una pinza, que hace-le da una tallada, toma medicinas-o abre la pinza. Dos vértebras desplazadas son como una pinza; yo la realineo y pasa todo. A veces pido permiso de interrumpir los interminables relatos de mis pacientes describiéndome todas sus molestias-porque en dos minutos le pasará todo. Pero antes de quiropráctico soy filósofo y si doy un poco de cultura, como sugiere Sócrates es otra cosa que puedo hacer para el bien de mis lectores y radioescuchas-y lo puedo hacer sin la presencia de los beneficiados. Acabo también de alabar las bellas letras que usaré para asuntos filosóficos interesantes empezando con otra máxima socrática-conoce ti mismo.

El hombre es el ser que busca aun a sabiendas que no va a encontrar. Sus empeños más arraigados, sus propósitos óptimos y sus metas supremas están y estarán fuera de su alcance. Deslumbrado e intrigado a la vez ante el espectáculo de la realidad, inventa causas posibles o seres poderosos que hayan podido dar a la luz un cosmos cuya belleza impenetrable es tan desesperante como la elusión de su origen.

Pero si el fracaso nos cerca, nos enaltece el empeño de seguir yendo hacia un punto que no hemos de tocar. Algunas veces, al vislumbrar o inventar un punto, un lugar o un ser providente y magnifico, el hombre le confiere sus rasgos personales y los dota con sus pasiones. Otras, prefiere aludir a ´Él con el silencio personal, otras todavía, piensa delimitarlo con sus definiciones y castiga a quienes disienten. Todo el terrorismo es causado por la firme creencia que matando a infieles se ganará el paraíso.

En un perpetuo acercamiento, que es un alejarse, el ser humano parece trazar círculos alrededor de un centro que no tiene contorno, como si un valladar invisible impidiera toda familiaridad. Y desde esta orilla sin geografía, el hombre crea diversos entes y los lleva a morar en el cielo o les permite perturbar sus sueños y las oquedades de su conciencia, como si la tierra y los objetos que cotidianamente tiene a la mano no lo satisficieran o no llenaran un espacio interior que tiene premura de colmarse.

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