La coincidencia de terremotos en Venezuela, California, Japón e Italia el pasado 24 de junio responde a la actividad constante del planeta y no a un patrón sísmico conectado, confirmaron especialistas.
Venezuela vivió uno de los eventos más intensos de su historia reciente: dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 con 39 segundos de diferencia, cerca de San Felipe y Yumare, en Yaracuy. El fenómeno, conocido como doblete sísmico, ocurrió por la liberación de energía en fallas consecutivas de los sistemas Boconó y San Sebastián, en el límite entre las placas del Caribe y Sudamericana.
El mismo día se registró un sismo de 5.6 en Mendocino, California, ligado a la falla de San Andrés; otro de 6.9 en Honshu, Japón, zona de subducción del Pacífico; y actividad leve en Campi Flegrei, Nápoles, asociada a su sistema volcánico.
FUNVISIS y el USGS coinciden: no existe evidencia de que un terremoto pueda detonar otro a miles de kilómetros en placas distintas. “La energía se libera localmente, no de forma global”, explican expertos.
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El llamado “Cinturón de Fuego del Pacífico” solo incluye los eventos de California y Japón. Venezuela responde a un límite transformante en el Caribe e Italia a la compleja dinámica del Mediterráneo.
La percepción de “ola global” se debe a la coincidencia temporal. La Tierra registra miles de sismos diarios. El caso venezolano destaca por su magnitud y el intervalo entre eventos, pero forma parte de la dinámica natural de fallas activas.
Las teorías científicas de tectónica de placas, rebote elástico y transferencia de estrés explican el doblete. No hay evidencia de causas artificiales. El reto, señalan sismólogos, es reducir la vulnerabilidad de las ciudades ante un planeta en constante movimiento.
