La recaudación del ISR registró una contracción del 9.8% anual en el primer semestre, impactando directamente la bolsa de recursos compartidos con las entidades.
Se trata de la primera caída en las participaciones federales para un primer semestre desde la crisis sanitaria de 2020.
Las finanzas públicas de los estados sufrieron un duro revés durante el primer semestre de 2026. Ante una menor recaudación tributaria nacional, las participaciones federales entregadas a las entidades federativas registraron una caída generalizada del 3.6% real anual, situando a Veracruz como la segunda entidad del país más perjudicada por la disminución de estos recursos clave para el gasto público.
De acuerdo con cifras oficiales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Campeche encabezó el desplome nacional con una drástica reducción del 42.1%, seguido inmediatamente por Veracruz, que sufrió un tijeretazo del 17.4% en sus participaciones. Quintana Roo (-11.1%) y Aguascalientes (-10.2%) completan la lista de las entidades con contracciones de doble dígito.
Otras economías estatales de peso también registraron números rojos, entre ellas la Ciudad de México (-3.1%), Nuevo León (-3.4%), Querétaro (-8.7%) y Jalisco (-0.6%). En contraste, apenas nueve estados lograron crecimientos en la recepción de estos fondos, destacados por aumentos en Hidalgo (+8.0%), Durango (+6.4%) y Zacatecas (+6.3%).
El origen de este recorte masivo radica en la contracción de la Recaudación Federal Participable (RFP) —bolsa común conformada por impuestos federales, derechos de minería y recursos petroleros—, la cual se contrajo un 3.4% real durante la primera mitad del año.
La principal razón de este achicamiento radica en la caída del Impuesto Sobre la Renta (ISR), gravamen que cayó un 9.8% anual de enero a junio. La disminución cobra relevancia crítica debido a que el ISR aporta por sí solo el 47.7% del total de la RFP. A este escenario se sumó una baja del 12.1% en los ingresos petroleros, que representan el 3.5% de la bolsa participable.
Esta caída representa el primer retroceso semestral en las participaciones federales desde el impacto de la pandemia de Covid-19 en 2020, cuando el rubro se desplomó un 7.5% en términos reales.
Análisis de la calificadora Moody’s advierten que esta contracción en la RFP toma a los estados en una posición delicada, al coincidir con una limitada capacidad estructural por parte de los gobiernos locales para generar ingresos propios, lo que anticipa un cierre de año con presiones presupuestales para la ejecución de obras y programas estatales.
