lunes, abril 20, 2026
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Asaltos a trenes: el negocio familiar que “El Bukanas” convirtió en una organización de sicarios

Bajo la ley de “el más fuerte”, Roberto de los Santos de Jesús, alias “El Bukanas”, desplazó a la familia Los Rosas —que controló el robo a trenes en Las Altas Montañas por más de 15 años— y transformó un delito local en una estructura criminal que hoy mantiene en jaque a Ferromex.

Llegó a decir que a partir de ese momento las cosas iban a ser mitad y mitad: ‘ustedes me descargan la mercancía y yo les doy seguridad. Así se va a trabajar’. Muchos se salieron porque no les gustó eso, el robo a trenes se volvió más peligroso”, relata Mario, habitante de Puente Guadalupe, Acultzingo, quien pidió el anonimato por seguridad.

Desde que “El Bukanas” y su grupo Sangre Nueva Zeta asumieron el control hace poco más de un año, “el negocio se volvió más visible. Ahora los trenes van custodiados por policías y ya no se puede operar igual”, añade.

La incursión del grupo incrementó la violencia y la frecuencia de los atracos. El 19 de mayo, un presunto sabotaje atribuido por Ferromex a la delincuencia organizada provocó el impacto de 39 vagones en el patio ferroviario de Río Blanco. Solo los daños a tres locomotoras se calcularon en 7.5 millones de dólares, lo que derivó en el despliegue de fuerzas estatales y federales, encabezadas por el Ejército Mexicano, en los límites de Veracruz y Puebla.

Las cifras oficiales respaldan la dimensión del problema. De acuerdo con el Reporte de Seguridad en el Sistema Ferroviario de la SCT, en 2017 Veracruz ocupó el primer lugar nacional en robos y vandalismo a trenes, con 76 incidencias de robo y 1,475 de vandalismo en la ruta Veracruz-Ciudad de México. La mayor incidencia se registró en la zona centro de la entidad, área de influencia de “El Bukanas”.

Un recorrido por Huaxtitla, uno de los seis barrios de Acultzingo habitado por campesinos y artesanos, muestra una comunidad asediada por enfrentamientos entre la SSP y robatrenes. El más reciente, ocurrido el 3 de noviembre de 2017, dejó siete policías heridos de bala.

Para llegar a la estación Sur Huaxtitla, a 200 km de Xalapa, se aborda un mototaxi con costo de 10 pesos. El vehículo solo llega hasta la colonia Pemex, a 150 metros de la estación. Ahí, viviendas con paredes revocadas, ventanas polarizadas y barandales floreados contrastan con las casas de tabla que predominan en el resto del barrio.

Vecinos identifican una casa color verde limón, con patio podado y antena parabólica, como domicilio de Armando Vázquez Gámez, hijastro del alcalde de Acultzingo, René Medel Carrera. El gobierno de Veracruz lo ha señalado como integrante de Los Rosas. Trabajadores de Ferromex aseguran que el inmueble era utilizado como bodega para almacenar mercancía robada antes de distribuirla.

Los habitantes señalan que Vázquez Gámez, de 22 años, fue guardia de la empresa COPS y uno de los 20 jóvenes que el alcalde recomendó a Ferromex para resguardar trenes por un salario de 3 mil pesos semanales. “Las ganancias mayores eran pagos por hacerse de la vista gorda cuando vaciaban los trenes. Les daban mercancía o dinero”, afirman.

En la estación Sur, militares vigilan el acceso al túnel Los Mochis, kilómetro 283, sitio donde, según pobladores, se cometían la mayoría de los asaltos. Sobre las vías aún se observan granos de trigo y maíz regados, así como empaques de botas Berrendo, una de las marcas afectadas.

Dentro del túnel hay grafitis, entre ellos el de “Zopy Romero”, identificado como Carlos Romero Mata, alias “El Chivo”, otro presunto integrante de Los Rosas.

Durante 15 años, Los Rosas se enfocaron en el “premio mayor”: vagones con licor y pantallas, que vendían a bajo precio en la comunidad. Su modus operandi incluía:

  1. Información filtrada: Personal del IPAX presuntamente entregaba a los asaltantes el mandato de tripulación con los horarios exactos del paso del tren Intermodal por Tecamalucan, Huaxtitla, Vaquería y Puente Colorado.
  2. Tres cuadrillas: Un grupo vigilaba 2 km para alertar sobre la presencia de la SSP; otro engrasaba un kilómetro de rieles para reducir la velocidad del tren; el tercero abordaba los vagones a 20-30 km/h con hachas para abrirlos y lanzar la mercancía.
  3. Distribución local: Las cajas se ocultaban en laderas. Licor, ropa de marca, tenis y polietileno se comercializaban en Acultzingo. Si encontraban electrodomésticos, alteraban el sistema de frenos para detener el tren y descargar con cuidado.

“El Intermodal solo lleva trastes, refrigeradores, licuadoras o pantallas. Ya sabían los colores de los sellos que identifican la mercancía y además todo les reportaba la policía”, asegura Mario.

La llegada de “El Bukanas” modificó ese esquema. Su ficha delictiva se elevó —hoy está valuada en 5 millones de pesos— al militarizar los atracos, ampliar el mercado fuera de Acultzingo y enfrentar directamente a las autoridades. El robo local se convirtió en una organización de sicarios.

La banda de Los Rosas, integrada por al menos 19 personas según autoridades estatales, incluía a Carlos Romero Mata “El Chivo” y Emma Romero Mata, comerciantes que compraban el cargamento para revenderlo en Tehuacán, Puebla. “Los Romero compraban toda la mercancía a Los Rosas, porque tenían dinero para pagarla”, explica el informante.

Con el Ejército desplegado y tras la captura de “El Bukanas” y su hermano “El Fósil” el pasado 18 de abril en Puebla, las autoridades buscan desarticular la estructura que transformó el robo hormiga en un delito de alto impacto para el sistema ferroviario nacional.

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