El expediente judicial del ataque al bar Caballo Blanco, registrado el 27 de agosto de 2019 en Coatzacoalcos y que dejó un saldo de 29 personas muertas y diez heridas, pone al descubierto el esquema de coacción, entrenamiento y reclutamiento de adolescentes utilizado por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en el sur de Veracruz.
Documentos judiciales e investigaciones a los que se tuvo acceso revelan que la orden de incendiar el establecimiento fue emitida por Edgar Zamora Martínez, alias El Negro, exmilitar y operador del grupo delictivo en la región, en represalia porque los propietarios del negocio se negaban a vender estupefacientes de la organización.
Para concretar la agresión, El Negro instruyó la participación del denominado “grupo de limpieza”, integrado por cuatro personas, entre ellas tres menores de edad. La noche del ataque, los agresores irrumpieron en el bar, rociaron gasolina y abrieron fuego para iniciar el incendio.
Entre los participantes se encontraba un adolescente de 15 años encargado de verter el combustible sobre la barra, quien falleció en el sitio a causa de las quemaduras. Otro de los jóvenes involucrados resultó con lesiones graves por el fuego.
Tras el desarrollo del proceso penal, junio pasado Zamora Martínez fue sentenciado a 70 años de prisión y al pago de una multa de 84 mil pesos como autor intelectual de los hechos. Asimismo, cuatro personas continúan detenidas a la espera de sentencia, entre ellas Luis Adán “N”, alias El Gato, señalado como uno de los mandos operativos del grupo.
Los testimonios contenidos en el expediente judiciales detallan la mecánica utilizada para incorporar a niños y jóvenes a las filas de la delincuencia organizada en municipios indígenas y urbanos de la zona sur, como Tatahuicapan y Coatzacoalcos.
De acuerdo con las declaraciones de un joven reclutado desde 2017, la integración iniciaba en la venta y distribución de droga (“tiradores”), para posteriormente ser transferidos al “grupo de limpieza”, encargado de amedrentar o eliminar a vendedores independientes o rivales.
Las vías de captación abarcaban desde ofertas de adiestramiento militar y dinero, hasta la cooptación de jóvenes en situación de vulnerabilidad o consumo de sustancias. En todos los casos, el sometimiento se mantenía bajo amenazas constantes contra la integridad de los integrantes y sus familias.
