jueves, mayo 7, 2026
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EN LA OPINION DE GOYO

Entre un gobierno que lo hace mal y un pueblo que lo consciente hay una cierta complicidad vergonzosa.

Sin duda alguna los pueblos que históricamente han alcanzado un alto desarrollo económico y humano son aquellos en los que las dos partes fundamentales para que esto suceda cumplen eficazmente con su responsabilidad: Los gobernantes y los gobernados.

En las ciudades, regiones, Estados e incluso países donde existe un alto índice de desarrollo humano invariablemente podemos observar que ahí se percibe un gobierno eficiente en todos los aspectos.
Gobernantes con capacidad profesional de acuerdo al área en la que se desempeñan, funcionarios y servidores públicos con principios y valores cívicos, éticos y morales, pero también hay una sociedad que aporta lo que es su responsabilidad.
Ciudadanos que eligen a sus representantes populares con inteligencia, que cumplen las leyes y normas básicas de la comunidad, que pagan sus impuestos puntualmente y desde luego igual que sus gobernantes también conservan principios y valores cívicos, éticos y morales.
Por el contrario en aquellos espacios geográficos con bajos índices de desarrollo humano hay un común denominador: gobernantes sin capacidad para desempeñar sus cargos y ciudadanos indiferentes que por falta de interés guardan silencio cómplice.
Esos son los lugares donde un gobernante hace una obra de infraestructura que no funciona pero el ciudadano se queda callado porque en la inauguración le dieron un tamal de barbacoa, y esos mismos ciudadanos generalmente dicen frases como: “la obra que hizo el gobierno no funciona bien pero cuando menos hicieron algo”, esa es una actitud propia de la mediocridad.
Un ejemplo claro de la incapacidad de un gobierno está en la obra del puente en la localidad de Los Leones en este Municipio de Tierra Blanca; una obra en la que el actual gobierno municipal de morena invirtió varios millones de pesos del dinero de todos los ciudadanos, un puente que en las primeras lluvias quedó sumergido en el agua del arroyo.
En cualquier parte del mundo donde se construye un puente es para que las personas puedan transitar los 365 días del año, no solamente cuando llueve poco; imagínese que un gobernante llega a su colonia o comunidad para construirle un puente y le dice que el único problema es que ese puente solo servirá para cuando no llueva mucho; seguramente un ciudadano con sentido común le diría: si van a construir un puente en un arroyo que solo servirá para cruzarlo cuando llueve poco mejor no lo construyan.
Lo peor de toda esta situación es que el actual gobierno municipal nunca tuvo la humildad de reconocer que fue una obra mal planeada y permítame decirle que hacer una obra que no funciona también es corrupción.
Los del actual gobierno morenista le hubiera solicitado asesoría al gobierno panista que construyó el puente en la localidad El Huaco que tiene casi 20 años de haber sido construido y sigue funcionando al cien por ciento, o también le hubieran solicitado asesoría al gobierno priista que construyó el puente “El Terrero” que se ubica en la carretera Tierra Blanca – El Jícaro que tiene aproximadamente 10 años de haber sido construido y nunca ha quedado bajo el agua, obra gestionada por la organización Antorcha Campesina.
Con esto no estoy diciendo que el PAN y el PRI todo lo hacían bien, hay que reconocer que también cometieron muchos errores y por eso la gente decidió probar con morena, pero está saliendo más caro el caldo que las albóndigas; con este gobierno queda demostrado que si de obras chambonas se trata, los morenistas no cantan mal las rancheras.
Y si no lo cree usted pues solo vaya y pregunte sobre la obra en la escuela primaria Benito Juárez o dese una vuelta por los murales del callejón 20 de junio que se están cayendo a pedazos, o una de las calles adoquinadas que ya tiene hundimientos y podríamos seguirle por los siglos de los siglos… El punto no es justificar a los gobiernos del pasado ni fustigar al gobierno actual, el punto es reconocer que cuando un gobernante hace mal su trabajo sea del partido que sea, los ciudadanos debemos levantar la voz y señalarlo porque de lo contrario nos convertimos en cómplices de la mediocridad, de la corrupción, de la indiferencia y de la pobreza estructural.
Si a un funcionario público no le gustan las críticas de los ciudadanos que somos los que pagamos su salario con nuestros impuestos, pues entonces; como reza un dicho popular: “El que no quiera ver visiones, que no salga de noche”.

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