jueves, mayo 7, 2026
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EN LA OPINION DE GOYO

 

Un niño no es bueno ni malo por naturaleza, sino que son la educación en la escuela y la formación en el hogar las que determinan si acaso será o no una persona de bien en el futuro.
En estos y los próximos días muchas escuelas celebran las clausuras de fin de curso para festejar que los estudiantes terminan una etapa escolar e iniciarán una nueva en las próximas semanas; Maestros y Maestras junto con las autoridades educativas, y los padres y madres de familia se organizan para celebrar el final del año escolar.
Sin duda es este un momento muy importante para la formación de los niños y jóvenes. La cultura de una persona son los valores, creencias, costumbres, comportamientos y expresiones artísticas que lo caracterizan y le dan sentido de pertenencia a un grupo social o a una sociedad.
Por ejemplo si usted elabora pan y lo vende a un peso y yo tengo un peso, y le compro ese pan, ahora yo tendré un pan y usted un peso, entonces habrá un equilibrio en ese intercambio.
Esto es, un equilibrio perfecto. Pero si usted sabe un poema o una operación matemática, y yo no sé nada, y usted me los enseña, al final de ese intercambio yo aprenderé el poema y también la operación matemática, y aunque ahora los conozca usted los habrá conservado. En el primer caso, hay equilibrio. Eso es mercancía. En el segundo, hay crecimiento.
Eso es cultura. En una clausura escolar la ropa es mercancía, lo que el alumno aprendió es la cultura. En la actualidad es común escuchar a los maestros decir: “Los padres de familia ya no son como los de antes, antes sí sabían educar a sus hijos en la casa”, por otro lado también es común escuchar a los papás y mamás decir: “Los maestros de ahora ya no son como los de antes, antes sí enseñaban bien en la escuela”; en este sentido la única forma de mejorar el aprendizaje de los estudiantes y su conducta es que cada quien haga lo que le corresponde ya que la adquisición de aprendizajes le corresponde a los maestros en la escuela pero también a los padres en el hogar; cuando cada quien hace lo que le corresponde generalmente el resultado es positivo.
No se trata de echar culpas para uno u otro lado, más bien se trata de asumir la responsabilidad en ambas partes. En estos tiempos de ceremonias de clausura recuerde que más allá de la ropa y los zapatos de los alumnos y la capacidad económica de cada escuela y las familia lo realmente importante está en lo que cada niño y cada joven llevan en la razón y en el corazón, de muy poco le sirve a un estudiante llevar la ropa más costosa si lleva el corazón vacío, de nada le sirve a una escuela gastar mucho dinero en una ceremonia escolar si los estudiantes no tienen la formación elemental para iniciar una nueva etapa en su vida.
Es importante que los estudiantes que egresan de una institución educativa sepan sobre las matemáticas, sobre la historia, la física, la literatura y todas las demás asignaturas académicas; sin embargo a la par deben llevar también el respeto, la responsabilidad, la honestidad y todos los principios y valores esenciales para que sean personas de bien.
Es importante hacer una ceremonia para los alumnos que concluyen una etapa de su vida escolar pero que aquellos atuendos estén dentro de la posibilidad económica de cada familia, como bien lo reza un dicho popular: “Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”.
Padres y madres de familia, maestros y maestras recordemos siempre que la ropa más costosa en una ceremonia de clausura escolar no determina el verdadero valor de un estudiante.

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