Michael Torresini
¿Por qué existe el mal? Dostoievski, Tolstoi, Chéjov. Ensayos de literatura comparada postula que novelistas del siglo XIX eran cineastas antes del cine. Por eso nos resultan tan visuales, tan ricas en escenas, tan descriptivas, tan poderosas en ritmo y tono las obras de estos maestros rusos y de otras grandes voces literarias, como Balzac, Flaubert en francés o como Dickens en inglés.
La última vez que estuve en Guadalajara fue al final de 2019, justo antes de la pandemia. Fue a la FIL pero me quedé más dos meses por tanto me gustó. ¿Por qué no me quedé allí? No lo sé, digamos que fue uno de los innumerables errores de mi vida-ah y porque había un montón de pacientes esperándome cuando todavía vivía por la vía. Fueron los últimos meses y luego me puse en incógnito donde estoy, en Casas Palenque. Ya tenía la propiedad, pero la usaba poco y hablaba de ella menos aún…Así que cerrándome allí durante más de dos años me salvó desde el COVID, pero me quitó también los pacientes. Ahora la mayoría sí saben donde vivo, pero es fuera de mano, etc.
Pero vamos a la mera razón por la cual copié lo antedicho desde El Universal, que me llamó la atención por su insólitamente interesante postura cultural. Es genial lo que dice siguiendo, que la literatura influyó en el naciente cine, por ejemplo, al enseñarle las astucias del suspenso y de la construcción en serie: Dickens salía a la calle a preguntarle a la gente qué seguiría, según el juicio de ella, y más de una vez eligió lo que alguien le decía: ¡Acertó usted! –exclamaba él, y la persona se iba con la satisfacción de haberle adivinado una parte del argumento al maestro Dickens. Pero no, no lo había adivinado: lo había creado en ese momento, y Dickens aprovechaba la creatividad participativa de sus lectores. Otras veces salía a la calle y tomaba los diálogos de sus personajes novelísticos y repartía papeles y los recitaba con otras personas en una suerte de teatro espontáneo a partir de la narrativa.
Y de pronto llegó el cine. Estamos a fines del XIX, tres siglos después de que Shakespeare había inventado, si no el cine, sí lo cinemático en el teatro.
Últimamente he hablado de dos películas recientemente creadas desde dos de las más importantes novelas de Latinoamérica, Cien años de soledad y Pedro Páramos. La novela de García Márquez me gusta más de la de Juan Rulfo, pero entre las dos películas preferí esta última por la facilidad que da lo visual para representar el surrealismo, la convivencia de lo real con los sueños.
