Michael Torresini
Antier vino Ambrosio de Los Naranjos, un trabajador de esta fértil tierra. Vino con su vieja moto de trabajo y vino puntual como siempre, pues cada dos o tres años necesita de una realineación de las cervicales, acude sólo un día o dos desde la aparición de los síntomas y lo curo en dos minutos-una sola sesión. Es un campesino con el cual me fascina hablar, antes todo es suficientemente inteligente para entender todo lo que digo siempre a todos los pacientes nuevos, se lo dije hace como diez o doce años y nunca más he tenido que repetirlo. Y por arriba de la empatía, tenemos también simpatía, lo deduzco desde el hecho que él siempre se toma la molestia de criticar los hueseros, no sé si tenga una mala experiencia detrás, lo que sé que me dijo que hay otra “Bestia” que desnucó a un paciente; yo sabía de uno de Alvarado creo, pero Ambrosio me dijo que hay otro de por donde él vive. Éste también mató a alguien así. Y sin embargo la gente va con los hueseros por la gran traba de la libertad del hombre, la costumbre. Como la costumbre de decir todo si Dios quiere. Parece una nadería pero no lo es, es el reflejo perfecto de como era la vida en la edad media, cuando la voluntad del hombre era suprimida por la gracia divina-y si no estaba de acuerdo te quemaban vivo…El renacimiento de Florencia produce precisamente el renacimiento de la razón, de la inteligencia y el consecuente poderío del hombre libre de usarlas, de allí cultura en todas sus formas, desde la literatura a la pintura y a los grandes sistemas filosóficos del mil siete cientos que produjeron la revolución francesa que acabó con otra gran limitación de la libertad del hombre: antes era la iglesia que prohibía cualquier forma de conocimiento que no fuese la biblia y la gracia divina, pero abolido esto, quedaba la esclavitud y en general la división de la sociedad en tres grupos bien separado-la nobleza, el clero y el populacho, el pueblo que sólo podía vivir trabajando de sol a sol, los siervos de la gleba. Los hombres del 1789 cortaron sí un poco de cabezas, pero acabaron con todo el pasado en unos días e iniciaron la historia contemporánea que estamos viviendo.
Ayer llegaron dos mujeres, madre e hija creo. La hija siendo la paciente que me describe sus dolencias y sigues con los pormenores y sus variaciones. Así que yo le pido amable y enfáticamente que lea el folleto que le doy, me pongo en frente de mi laptop para no apresurarla, para entienda lo que escribí, y me doy cuenta que no entendió absolutamente nada. El famoso folleto dice que todo lo que sentimos lo sentimos por los nervios y que todos los nervios salen desde la columna hacia todo el cuerpo a través de las vértebras que, si no están en su lugar, son la única causa de todo, y su realineación la única solución. Nada es sin causa y solamente acabando con la causa de cualquier problema se acaba con él. Esto aplica a todo, absolutamente todo. De hecho, esto no está en el folleto, lo dije a la amable señora para ayudarla a entender. Pormenoricé que en Canadá estudiamos tantito más de un médico aunque no sabemos todo lo que ellos saben-y esto es porque salimos con una especialización que nos permite ver con la yema de los dedos…La pongo boca abajo y veo que le molesta un nervio del cuello ya que dos vértebras cervicales lo está oprimiendo; lo relajo con presión y las realineo las vértebra sin ni más en dos segundos-el único problema siendo lo de siempre, de no ser entendido-lo que los continuos comentarios de la señora me hicieron entender. Pese a su pésimo entendimiento y cooperación, la señora quedó muy bien y la madre, viéndolo, me dijo si le puedo dar una tallada-al que contesté en lo negativo. La mente es rapidita y en una fracción de segundo recordé todo el enojo que me causó la hija y rehusé enojarme más, lo que era lógico pensar ya que después haber escuchado todo lo que dije, repitiendo que toooodo significa todo, etcétera, la señora madre me habría obligado a repetir el sufrimiento; pero no fue así, me habló de tallar por la maldita costumbre y se reveló más comprensiva de la hija.
