viernes, mayo 8, 2026
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LO ÚLTIMO

DE FILOSOFÍA Y COSAS PEORES

Michael Torresini

Los estoicos la llamaban ataraxia y los mexicanos valemadrismo.

La primera no tiene otro lado de la moneda, es la pura imperturbabilidad frente a los avatares que la vida nos depara. El valemadrismo en cambio si lo tiene: por un lado, es la mejor defensa en contra de todas las injusticias, los abusos y las prepotencias que los mexicanos han debido aguantar a lo largo de toda su historia; es un poderoso paliativo, un anestésico que sin embargo crea adicción, una adicción que aplasta el sentido de la justicia, de la ética e, inclusive, de la misma lógica, es decir de la inteligencia. Os brindo un ejemplo entre los más sencillos precisamente para poder enfatizar este, digamos, otro lado de la moneda, para poder poner en evidencia las desventajas que acarea.
En Chedraui se venden agua en botellitas de medio litro-28 botellitas por un total de 14 kilos. Es lo que yo compro, un pormenor que me ayuda a ahorrar tiempo ya que la consumo en su pequeña botella que así sustituye el vaso sin ser grosero-y poderla ofrecer a mis pacientes de manera mucho más fácil y práctica. El código del producto está en el lado inferior del conjunto y así cada vez que llego a la caja lo tengo que voltear para que la cajera pueda cobrármelo. Sin embargo, hay un muchacho que tiene el código memorizado en su caja con el cual no necesito hacer nada-él la ve en el carrito y me la cobra.
Ahora al “otro lado de la moneda” prometido: son cómo dos años que pregunto a la cajera de turno porque no pueden hacer lo que hace su colega-una pregunta más que lógica y simple. La mayoría ni me entienden porque no son pagadas para contestar preguntas, porque son pagadas mal y trabajan mal, haciendo lo mínimo necesario. Es una larga historia que empieza con la ley de la plusvalía de Carlos Marx…
A veces, si por suerte estoy en una caja cerca de la con el cajero inteligente, se lo digo, le digo que le des el código a su colega, y sólo así logro civilizar una cajera. Digo civilizar porque de esto estoy hablando, pues nadie, ni un oligofrénico puede ser tan estúpido de no meter el código en su caja.
Antier me puse firme y exigí la presencia de un supervisor-que sí entendió mi pregunta, que trató de ignorar al comienzo y que al final tuvo que darme una razón, y lo único que pudo decir es que se pueden equivocar de código-algo de una estupidez inverosímil, brutal, increíble. En esto caso, como muchísimos más, este valemadrismo actua cómo un veneno y procrastina ad infinitum el modus operandi tercermundista, la ineficiencia, la falta de civismo. García Márquez llama su obra principal Cien años de soledad-soledad en tanto que falta de solidaridad, falta de unión, falta de civismo.

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