viernes, abril 24, 2026
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De filosofía y cosas peores

 

Michael Torresini

Voy a aplicar una de las cosas que digo más seguido al tema más caliente del momento-Trump y sus famosos y aborrecidos aranceles: para obtener sabiduría hay que alejar el enfoque, apartarse desde el tema debatido y verlo desde suficientemente lejos para poder verlo en su realidad circunstante, para poder verlo con todo lo que hay con él, en su conjunto-en el presente como el pasado y el futuro. Trump carece totalmente de esta visión. Otra cosa que repito aplica perfectamente aquí: Trump es inteligente, obviamente, pero su inteligencia es aplastada por su ego que quiere ser victorioso contra sus enemigos los inmigrantes. Evitar que entren está bien, deportar los delincuentes está mejor aún, pero sacar desde su trabajo inmigrantes que contribuyen muy eficazmente a la economía y el bienestar de los EEUU, esto no, esto es brutalmente estúpido. Hasta se dice que su aversión a los latinos sea causada por un romance que su esposa Melanie tuvo con un latino, vaya…
Pero volviendo a los aranceles y la miopía de Trump al respecto, parece que el periódico financiero más importante y prestigioso del mundo, el Wall Street Journal, sea de acuerdo conmigo. Os copio el título del artículo: WSJ califica aranceles de Trump como “la guerra comercial más tonta de la historia”; “el ataque económico a los vecinos no tiene sentido”, dice. Pero empecemos desde el comienzo, es importante porque estamos tan metidos en esta lluvia de problemas que se nos olvida el problema número uno, parece que se nos olvide que es un acuerdo, un acuerdo estipulado por el mismo Trump con AMLO, el nuevo acuerdo T-MEC que acaba en 2036 y que puede ser revisado sólo hasta el 2026. Un acuerdo que se consiguió con muchísimo trabajo por parte de las tres partes involucradas. Ignorarlo completamente es una ofensa a todas estas partes, a Ebrard, por ejemplo. Aducir otros problemas como razón del incumplimiento contractual es simplemente ridículo e injusto. Estamos hablando de la migración, acerca de la cual ya llegué a una conclusión, y de la droga acerca de la cual hay que decir que nunca se incautó tanta droga y se encarcelaron tantos delincuentes como con Claudia-por arriba del punto focal que he expresado desde 27 años, empezando con la administración de Zedillo, con un simple silogismo: Cualquier producto se hace por la demanda. EEUU son la demanda. EEUU son la causa del problema. Se acabaron las palabras.
Gran conclusión Trump no tiene absolutamente ningún derecho a rescindir, invalidar o anular el contrato. Y aquí llegamos a un crucero, una dicotomía entre la teoría-la antedicha, y la realidad donde nadie ni se acuerda del contrato porque, pues porque hay que pensar a la economía, no a la teoría. Falta sólo un detalle que voy a ilustrar con un ejemplo: si una compañía rescinde un contrato que tiene con otra, esta la demandará y vencerá la demanda. En un panorama como lo que tenemos, es decir mucho más complicado, hay la corte de La Haya que debería obligar a EEUU a respectar el T-MEC. Y si no lo hace es por la prepotencia del impero-de allí a otro mal efecto de la política de Trump: todo el mundo se alejará de EEUU y nadie confiará en él en el porvenir. De hecho, ya hay naciones que se rehúsan usar el dólar como respuesta.

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