Por Ruperto
En nuestra localidad
por cien bodas de consorcios
se avientan treinta divorcios
que es una barbaridad,
llegan con la autoridad
los que fueron tortolitos
y se daban sus besitos
en un abrazo muy tierno,
y ahora están en pleito eterno
deseando vivir solitos.
La doña llega a quejarse
que el hombre que fue su embrujo
ahora ya anda de pirujo
y pues no quiere aplacarse,
con todas quiere acostarse
menos con su amada esposa,
y se inventa cualquier cosa
para llegar el maldito
oliendo a jabón chiquito
y con un hambre espantosa.
Claro igual llega el esposo
acusando a la mujer
que no lo quiere atender
y que cocina horroroso,
cuando él le quita el rebozo
le dice no seas molón
que estoy viendo el culebrón
que está en la telenovela,
anda y pídele a manuela
que ella te encienda el fogón.
Enseguida se demandan
por cosas de los dineros
y esos pleitos son muy fieros
porque por nada se ablandan,
los abogados se mandan
una gran lista de cargos
con que avalan los embargos
para llevarse a las quiebras,
más los gritos de las suegras
que hacen los días más amargos.
