Durante más de 150 días, una llamarada ininterrumpida y emanaciones de gas y crudo devastaron cultivos, ganadería y vegetación en el sur de Veracruz.
Al menos 29 comunidades rurales e indígenas se vieron impactadas por la emergencia del pozo exploratorio.
En apenas dos años, la llegada del proyecto de exploración petrolera Krem-1EXP de Petróleos Mexicanos (Pemex) transformó radicalmente la vida y el ecosistema de las comunidades rurales en el municipio de Las Choapas. Lo que inició con el deterioro de caminos y cuerpos de agua culminó en una emergencia ambiental tras el descontrol total del pozo, el cual permaneció envuelto en fuego y emanaciones de hidrocarburos durante cinco meses.
Ubicado entre los ejidos Ignacio López Rayón y Constitución Mexicana —este último perteneciente al Catálogo Nacional de Pueblos Indígenas—, el pozo sufrió una falla crítica el pasado 5 de marzo. De acuerdo con documentos del propio proyecto, Pemex contemplaba la falla en el conjunto de preventores y la liberación incontrolada de gas e hidrocarburos como uno de sus escenarios de mayor riesgo, con radio de afectación superior a dos kilómetros. El escenario previsto se materializó.
El incendio en el pozo Krem-1 fue declarado oficialmente sofocado hasta el pasado 2 de agosto. Sin embargo, las consecuencias de los más de 150 días de quema constante y lluvia de partículas químicas dejaron secuelas profundas en un radio donde habitan al menos 3 mil 431 personas repartidas en 29 localidades.
Habitantes de la comunidad La Guadalupe, ubicada a escasos kilómetros del lugar, relatan que las tierras dedicadas al pastoreo y a cultivos de plátano, maíz y árboles frutales quedaron reducidas a campos áridos. “Lo que antes veía como un paisaje verde ahora parece un desierto”, señala Eustaquio, poblador cuya parcela de 80 hectáreas quedó dentro de la denominada “zona cero”.
Las pérdidas económicas abarcan el desplazamiento forzado de ganado, la quema de pastizales y la pérdida total de cosechas de aguacate y plátano en la región, además de los riesgos respiratorios por la presencia continua de gases.
Pobladores de la zona denunciaron que el proyecto no fue sometido a una consulta previa, libre e informada con las comunidades originarias afectadas. La infraestructura del Krem-1, diseñada para alcanzar más de 3 mil 300 metros de profundidad, contempló la ocupación de 13.46 hectáreas entre plataformas, presas de quema y vías de acceso.
A pesar de que la llamarada principal ha sido extinta, las familias de la zona reportan que el entorno ambiental no ha logrado recuperarse en la presente temporada de lluvias, con afectaciones visibles en la flora local y la alteración permanente de la dinámicas comunitarias en el sur veracruzano.
