Paola Sosa
Hay noticias que se leen con el alma hecha pedazos. La historia de la pequeña Elena Solorza Cruz nos recuerda, de la forma más dolorosa, que la vida es un instante que debemos abrazar con todas nuestras fuerzas.
Ella subió al tren con la maleta llena de ilusiones, con la mirada puesta en un reencuentro familiar para recibir el año nuevo. Hoy, su ausencia deja un vacío imposible de llenar en el Istmo y en el corazón de quienes conocemos su historia.
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Que la luz de esta pequeña estrella ilumine el camino de sus padres en estos momentos de profunda oscuridad. No hay palabras que alcancen para consolar una pérdida así, solo queda la unión y la oración por todas las familias que hoy lloran en Nizanda.
Descansa en paz, Elena. Tu sonrisa se queda grabada en la memoria de Oaxaca.
