De filosofía y cosas peores

0
216

Michael Torresini

“Las grandes mentes siempre fueron criticadas por las mediocres.” Albert Einstein

La física es matemática aplicada a nuestra realidad circunstante, y es una ciencia racional como la geometría. Por esto aclaré antecedentemente que el padre del racionalismo moderno, René Descartes, es también el padre de la física, que no saca de la experiencia, sino desde la razón pura. Y la racionalidad de la física cartesiana nos lleva al hecho que la perspectiva no es una deformación de lo real, sino una parte integrante de él: En la física, tiempo y espacio no son, según la teoría kantiana, contenedores de lo real, sino formas de él. Si hubiese, entre los infinitos puntos de vista, uno excepcional, al que cupiese atribuir una congruencia superior de las cosas, cabría considerar los demás como deformadores o meramente subjetivos. Esto creían Galileo y Newton cuando hablaban de espacio absoluto, es decir de un espacio contemplado desde un punto de vista que, realísticamente, no existe, que no está en ningún lado.

 

En su “Philosophia Naturalis”, Newton llama al espacio absoluto “Sensorum Dei”-el órgano visual de Dios. Pero apenas se piensa hasta el final en esta idea de una perspectiva que no está tomada desde ningún lugar determinado y exclusivo, se descubre su índole contradictoria y absurda. Para ser absoluto, el espacio tiene que dejar de ser real-espacio lleno de cosas-y convertirse en una abstracción. Por esto la teoría de Einstein es una maravillosa justificación de la multiplicidad armónica de todos los puntos de vista. De hecho, su famosa fórmula no es lo más interesante de su genio, es más conocida por la tendencia americana al pragmatismo, magnificado por la fisión del átomo-y la increíble energía que esta emana, igual a la masa multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz. Pero, conceptualmente por lo menos, lo más interesante es la inclusión del tiempo como cuarta dimensión del espacio.

 

Este concepto es aplicable a la moral y lo estético, y permite una enorme ampliación de la percepción de la historia y de toda la vida humana. Además, la teoría de la relatividad constituye el último avance en la metafísica, la ciencia de los conceptos puros, la ciencia del Ser, o “El conocimiento hacia el cual todas preguntas están direccionadas”, según la definición del propio Aristóteles, su iniciador: Si el espacio puro es real, entonces necesita un tiempo para existir. Si algo es, existe, y si existe, necesita de un lugar (en este caso de todos lugares) y un tiempo que así se trasforma en la cuarta dimensión del espacio. A largo alcance el espacio necesita de tiempo para existir. Por esto dije desde el comienzo que la geometría euclidiana, o rectilínea, es sólo válida para breves distancias, es decir distancias de “sólo” unos años-luz.

 

Quizá no sobre demasiado acordaros que un año-luz no es una medida de tiempo, sino de distancia-precisamente la distancia que cubre la luz en un año, viajando a 300,000 kilómetros al segundo. Piensen cuantos segundos hay en un año y los multipliquen por 300,000. Esta era la “herencia” de Newton y Galileo-una herencia enorme y limitada al mismo tiempo. Pero cuando hablamos de millones y millones de años-luz, ya hay que incluir el tiempo en el espacio como su cuarta dimensión, pues ya el espacio se encorva, ya no es rectilíneo. La formulita esta, que todos conocemos, o acerca de la cual hemos escuchado por lo menos como la cosa más genial de Einstein, no es lo más genial en absoluto. Lo más genial, lo más inteligente e interesante, es precisamente lo susodicho, la imprescindible inclusión del tiempo como cuarta dimensión del espacio.

 

El celebro se puede paragonar a un musculo, en tanto que se desarrolla con el uso-de allí a la razón para escribir estas últimas tres notas en un momento cuando todo hablan de política, acerca de la cual no sé nada, y me conformo con la mejora de la salud de mis lectores, ya sea mental que física. Así que os copio lo que acaba de salir en las noticias, con particular énfasis a quienes ya enfermaron: La reinfección por Covid-19 puede darse con síntomas más fuertes, según un estudio divulgado por la Fundación Oswaldo Cruz, el mayor centro de investigación científica de Brasil y América Latina.