Michael Torresini
Continuando con la endemia, la triste supremacía, superioridad o preeminencia que México tiene en el mundo en cuanto a obesidad, me gustaría revivir una de las primeras cosas que se me ocurrió al arraigarme aquí, que en México lo bueno es lo que hizo la naturaleza y lo malo lo que hizo el hombre, mientras en Canadá es al revés. Y esto no aplica tanto a todo el País, sino más aún aquí, aquí mismo, donde hay la tierra más fértil y las mujeres más gordas. Antier di indicaciones claras acerca de cómo comer con poca sal y poca azúcar-y con gusto, donde la costumbre ya no es enemiga de la libertad, sino su aliada, acostumbrándose a poca sal y azúcar.
Ahora me gustaría acordaros que es una verdadera lástima comer carne roja y grasosa con toda la buenísima y saludable fruta y verdura que hay en este fértil valle del Papaloapan. En el mercado hay una señora que es literalmente más ancha que alta, lo que se dice obesa-y vende excelente fruta y verdura, es la que está frente a los bancos de pescado, el primer siendo de dos hermanos normales, vaya, delgados, pero el siguiente es bien gordito, y esto que dicen que el pescado no engorda…
En lo que se llama algo sofísticamente central de abasto, tienda esquinera entre la carretera federal y la Lerdo, hay dos empleados ambos delgados, hay dos dueñas ambas gordas y dos empleadas de una obesidad simplemente asquerosa; la chaparrita no tiene ni veinte años y está siempre comiendo mientras atiende…Así que me doy cuenta que hablar de la disponibilidad de fruta y verdura es inútil, lo que cuenta es hablar de…lo mío, del hecho que, después de tantos años de tratar de instilar un poco de cordura, de aclarar que la sabiduría consiste en superponer la razón a los sentidos, es inevitable que me sienta bastante decepcionado por los muy escasos resultados obtenidos. Y es que si alguien tiene un poco de cultura e inteligencia es probable que me escuche, pero en su defecto es virtualmente imposible. Y son precisamente estes últimos que deberían escucharme. O pasemos desde Tierra Blanca a Veracruz: en Costa de Oro no se ven muchos obesos, mientras que, digamos, en La Pochota, creo sea igual a aquí. De allí llegamos a un país totalmente opuesto, al más civilizado de todo el mundo, a Finlandia donde todos pagan impuestos y todos tienen todo lo que necesitan gracias a estos impuestos; allí los obesos pagan más. No es una broma, es un aspecto real de lo que el civismo llega a ser. Y lo sé de primera mano, pues viví dos años allí.
Finalmente, la obesidad es un problema del mismo género del alcoholismo o la drogadicción, pues el hombre hace unas cosas, y otras las padece; en tanto que tenga ideas adecuadas las hace y vive según los dictámenes de la inteligencia, de la razón y del sentido común; y en tanto que tengas ideas inadecuadas es víctima de sus propias sensaciones y ya no está al mando hacia un norte seguro como en el primer caso. Esto lo dice Spinoza en su Ética, capitulo tercero, De las afecciones humanas. Lo dijo en el mil seiscientos-y dos mil años antes, Sócrates lo expuso de manera más clara y concisa aún: Sólo hay un bien, el conocimiento; sólo hay un mal, la ignorancia.
