jueves, abril 9, 2026
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LO ÚLTIMO

De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

 

 

Últimamente me he quejado de mis pacientes, ahora voy a elogiarlos: Ayer vino un cañero con el cual salió una excelente empatía-tenía la ciática y desde seis años-me lo dijo sin titubear ipso facto-o sea no me dijo que tiene su tiempecillo o su rato, me dijo seis años-seis años de sufrimiento que yo acabé en unos minutos. No necesité decir que todo lo que sentimos lo sentimos por los nervios y que todos los nervios salen desde la columna hacia todo el cuerpo a través de las vertebras que, si no están en su lugar, son la causa de todo y su realineación la única solución. Esto no fue necesario decírselo, pero sí tuve que aclarar que después de seis años las vértebras se han acostumbrado a estar fuera lugar y en dos días se corren otra vez hacia donde han estado. No tiene caso hacerlo cada día, pues es probable que las vértebras que realineé se queden quietas un día. Así que repito el tratamiento cuando apena empiezan a moverse hasta que ya se queden dónde deben de estar. Medianamente son cuatro o cinco sesiones hasta que lo doy de alta-lo que no coincide necesariamente con cómo el paciente se sienta. Últimamente vinieron dos parejas-ambos de rancho y ambos inteligentes y comunicativos. De hecho, estoy animado por estos pacientes tan agradables y satisfactorios-doblemente satisfactorios-para ellos y ERGO, consecuentemente, para mí.

Y estos pacientes tan agradables me surten el perfecto ejemplo para aclarar mi aserción previa que sonaba algo vaga: Los traté tres veces unos, y cuatro los otros, la otra pareja-y ni uno acudió conmigo en dos días como había pedido. Estaban bien y ya. Pero es probable que en un mes vuelvan como antes-lo que no se va a pasar si continúan hasta que yo los doy de alta-en cual caso yo garantizo la duración durante años. Además, por esto bajo el cobro y en el primer caso habría sido de dos cientos y el el segundo de sólo cien pesos. Es obvio que no digo de volver por cien pesos, sino para asegurar la larga duración de mi tratamiento.

Ahora me gustaría filosofar un momento ya que me salió espontáneamente esta importante palabra latina-que es importante ya que es una de las tres palabras que acabaron con todo el pasado de dudas, de dogmas, de oscurantismo. Descartes se dijo A lo mejor todo lo que sé es un sueño, es irreal-pero una cosa sé con certidumbre apodíctica-sé que existo en tanto que estoy pensando ya que no podría pensar si no existiera. Esto fue el primer conocimiento certero que empezó el verdadero racionalismo que culmina con Immanuel Kant y su crítica. Soy también un modesto filólogo, un juez del idioma-razón por la cual he criticado extensivamente la lengua de Cervantes-por sus acentos fonéticos que ningún idioma usa-así como ningún idioma pronuncia igualmente la V y la B, o la S, la C, etc. Pero la traducción usada de la frase más importante de toda filosofía es un oprobio, una vergüenza: Pienso luego existo. Este luego se usa como sinónimo de consecuentemente, pero sigue significando luego, es decir, después-y decir pienso y después existo, una paradoja imposible, pues nadie puede pensar antes de existir.

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