Michael Torresini
En Boca del Río tenía una vida social mucho más activa de aquí. Me acuerdo cuando alguien me explicó donde vivía y agregó enfáticamente “allí tiene su casa”. La primera vez no agarré la honda, la mente anda rápida y hasta llegué a pensar que me iban a regalar una casa…Pero pronto me quedó claro que era una expresión local, una manera de ser amable, una manera de decirme que su casa estaba siempre abierta para mí, una manera de decirme que es hospitalario. En práctica se pasa todo lo contrario, no hay un lugar cómo aquí donde la casa se le considera un santuario inaccesible a los demás. La cosa se manifiesta más contundentemente aun donde vivo ahora, en Casa Palenque, donde cada unidad comparte los muros exteriores con los de los vecinos. De allí al hecho que los vecinos son la limitación del espacio de cada quien y la consecuente distanciación; difícil que hagan amistad entre ellos y si se hablan siempre lo hacen afuera de sus respectivas moradas…
Esto seguido constituye la primera dificultad que tengo cuando me toca un paciente nuevo. Me hablan desde afuera, a unos metros, parece tengan miedo a entrar. Yo en cambio la veo de manera totalmente opuesta, una manera que, finalmente, obedece simplemente a la lógica: el paciente llega con la cabeza llena de cosas que quiere decirme y preguntarme, y la comunicación, la empatía se obtiene mejor si uno se relaja y se pone sentadito en un cómodo sofá-en MI cómodo sofá en este caso. Conceptualmente es como decir barriga llena corazón contento…
La cosa asume más importancia si se toma en consideración que la falta de comunicación, de empatía es de hecho el problema principal. Pero las dificultades de comunicación empiezan ya con el paciente afuera que parece tener miedo a entrar y acercarse a mi siquiera. Normalmente las dificultades son dos: una hacerle entender que cualquier molestia es debida a vértebras que no están en su lugar-que yo curo realineándolas; los pormenores de lo que uno siente o puede sentir son innumerable, pero basta hacerle entender que todo significa todo y con las vértebras realineadas pasa todo. Y luego hay la otra que describí abundantemente sólo antier, que las vértebras se acostumbran estar fuera lugar y así hay que repetir el tratamiento hasta que pierdan esta mala costumbre. Esto es lo que pasa siempre, pero hoy se pasó algo de nuevo: entra una señora, se sienta fácilmente y rejalada y me dice que me recomendaron mucho…al que le hago la pregunta fatal: ¿Qué tiene? Diabetes, es su respuesta. Le agradezco la gran confianza, pero le aclaro que soy doctor en quiropráctica, no en medicina general y menos aún soy endocrinólogo, o diabetólogo…
Tenía varias vértebras subluxadas, las enderecé y se sintió mucho mejor-y en cuanto a la diabetes, le aconsejé de tomar Metformina que cuesta 30 pesos en lugar de mil dos cientos de lo que el médico le había prescrito. Ya he expresado mi propensión a usar ajo en lugar de antibióticos, por ejemplo, o en general a usar lo natural sobre lo químico. Pero la Metformina es una excepción a esta regla general, hasta se dice que es la medicina de la larga vida, que hace bien a varias cosas; pero aparte esto que no está comprobado, lo cierto es que cuesta poco porque la patente espiró hace como veinte años. Lo que me molesta es que a veces, como en este caso, parece que los médicos aconsejen medicinas caras como si ellos consiguieran un porcentaje. No sé si así sea, pero en casos como esto parece así.
