Michael Torresini
Mi último susurro filosófico fue un vistazo general en las tendencias en Latinoamérica, por arriba de la despiadada tiranía y prepotencia de Trump, y el tema culminante fue en Brasil donde parece que la derecha vaya a vencer como se pasó en Colombia-y la diferencia principal fue que en el país andino la causa principal fueron las artimaña de Trump mientras que en Brasil la cosa fue más legítima en tanto que sí hubo una decepción en diferentes frentes de la administración de Lula-de allí a una inevitable analogía con México. Curiosamente estamos hablando de las tres economías principales de Latinoamérica. La decepción que la izquierda causó en Brasil fue del mismo tipo de la que se percibe aquí. Yo siempre he dicho que en todo el tercer mundo se necesita de gobiernos populistas para nivelar la distribución de la riqueza que, no hay que olvidarlo, es el indicador principal que divide el así dicho primer mundo desde el tercer. En México tenemos un cuarenta por ciento de pobres, en Suecia ni uno. Escandinavia no hay pobreza, en suiza por contraste sí hay, pese al echo que sea la nación europea con los sueldos más altos. Pormenorizo para que se me entienda claramente que sea la democracia, la cracia del demos, la autoridad del pueblo. Un pueblo altamente civilizado, ético y justo que obviamente quiere evitar cualquier problema para todos sus connacionales. Si enferma te curan y si no tiene dinero te lo dan. No voy a pormenorizar, pero esta es la conclusión-y ni hablar de la educación pública totalmente gratuita-inclusive en otros países: en Boca conocí un muchacho finlandés que estudiaba en la UV con los 900 euros que le daba el gobierno. Canadá es casi así, EEUU es todo lo contrario, el último país donde escogería enfermar y estudiar, con la excepción de la famosa Harvard, Yale, etc.-donde se necesitan de unos 300,000 dólares para acabar el curso.
Para solucionar los problemas de México no es suficiente decir los pobre primero y darle para que coman, hay que empezar con la educación pública que debe ser de primera desde la primaria-lo que dista mucho de la realidad, hay que plasmar los jóvenes con principios sanos, éticos y honestos, así como hace un buen padre para sus vástagos-de allí a la diferencia principal y más importante entre México y Suecia: los mexicanos creen en su familia, los suecos en su gobierno. Es un camino largo y tortuoso, pero es el único que va a dar resultado, como pasó en Costa Rica, una isla primermundista a sur de los peores gobiernos de Latinoamérica. Pero para empezar hay que ser más duro con la corrupción y también con la ineficiencia-como los brutal baches de la carretera federal donde es cruzada por la vía.
