sábado, septiembre 5, 2026
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De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

Antier comenté acerca de algo que creí valiera la pena de comentar: la primera nota de las noticias de Google era escrita por una periodista que no sabe escribir, decía “Sheinbaum está orgullosa del salario mínimo en México, pero es más alto hasta en Costa Rica, Uruguay, Panamá”-que no sabe escribir o que ignora totalmente la geografía económica de Latinoamérica. Pero no he tenido mucho éxito con mi crítica, pues la cultura en general y las bellas letras en particular parece sean algo destinado a morir progresiva e inexorablemente.

En el mejor gimnasio de Tierra Blanca, lo de Alex Barrada, la luz es muy bajita porque para las nuevas generaciones, los video-niños, los jóvenes que aprendieron lo que saben por medio de imágenes, el celular es más importante de la realidad: no importa lo que se ve sino lo que hay en el celular que tienen siempre a lado y que apena acaban de usar pesas pasa directamente en su mano otra vez.

Así que creo dejaré las letras, el arte del buen decir a lado y solamente me limitaré a lo básico, lo que nos permite expresarnos y conseguir lo que queremos. Un paciente desconocido me habla, me dice su nombre y apellido completo, lo de la señora que le recomendó de ir conmigo, el nombre de su rancho y su ubicación pormenorizada y luego, por fin, me relata que su hijo se falseó un tobillo jugando a futbol. Le contesto con lo necesario: trabajo de 15 a 20 hora cada día-y si tiene prisa venga a las tres, pues era todavía mañana cuando me habló. No vino-ni antier, ni ayer. Yo soy muy ignorante, tengo sólo dos doctorados y hablo sólo seis de las seis mil lenguas habladas en este planeta, pero sé muy bien lo que más cuenta-que nada, absolutamente nada es sin causa-y en mi humilde opinión el señor no vino porque, después la larga y redundante conversación con la gran conclusión que me traiga su hijo, él me mandó la foto de su tobillo-al que yo no contesté, pues me pareció redundante y hasta ofensivo.

Ayer pasó algo de parecido: el nieto de Don Antonio, el que vende piñas al mercado y que es dueño del inmueble donde vivía y curaba hasta el 2020, me habla diciendo que le duele el cuello y me manda una foto de su cuello. Le contesto que venga a las tres apena empiezo y por fin vino porque estaba ocupado. En este caso me quedé un poco preocupado porque tenía miedo que se fuera con un huesero que puede ser peligroso cuando se trata de realinear las cervicales.

Gran final: NO necesito de fotos, no quiero saber la opinión de los demás, si quieren que los cure, vengan, se relajen y me dejen curarlo. Demoro unos minutos y solamente cobro si curo. ¿QUÉ MÁS QUIEREN?

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