Por Ruperto
Ayer me sentí gabacho
y en vez de ver el futbol
me reventé el super bowl
donde no hay ni un apapacho,
porque se pegan bien gacho
cuando están en la jugada,
y andan en la correteada
para quitarse el balón
con una férrea obsesión
entre madrina y tacleada.
Los que estaban en la cancha
eran puros mastodontes
cual los toros de los montes
que corren en avalancha,
si uno te bota te plancha
como a una calcomanía
y sientes al otro día
que estás viviendo tu entierro,
porque rodaste del cerro
o te machucó un tranvía.
Se juntó la palomilla
por supuesto que en el bar
donde podemos gritar
los chavos de edad polilla,
sin oír que un nieto chilla
porque se piensa el bribón
que es de el la televisión
apoyado por la abuela,
quien me avienta la cazuela
si molesto al manganzón.
En el estadio la gente
que va con toda su prole
come mucho guacamole
como parte del ambiente,
aquí en el bar don Clemente
nos lo incluyó en las botanas
con mucho chile y dan ganas
de empujarse diez cervezas,
así las cuentas son gruesas
y las crudas inhumanas.
