lunes, noviembre 2, 2026
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Cempasúchil: La flor dorada que conecta el Día de Muertos con los rituales sagrados de la India

Cada año, las vísperas del Día de Muertos tiñen los campos, mercados y hogares mexicanos del característico naranja del cempasúchil. Sin embargo, a más de 15 mil kilómetros de distancia, esta misma flor enmarca de forma simultánea los rituales sagrados del hinduismo en la India, tejiendo un insospechado puente espiritual y cultural entre ambas naciones.

Originaria de México y conocida en náhuatl como cempoalxóchitl (“veinte flores”), esta especie cruzó los océanos en el siglo XVI en las alforjas de comerciantes y navegantes. Tras su llegada al subcontinente asiático, se adaptó con tanta fuerza que hoy es parte indispensable de la vida cotidiana y religiosa en estados como Bengala Occidental, donde se le conoce como Genda Phool.

En México, la sacralidad del cempasúchil comienza en la tierra. Para comunidades campesinas como San Pablo Coapan, en Naolinco, la siembra y el corte son ritos guiados por el calendario festivo. La siembra inicia el 24 de junio (San Juan Bautista) y el corte arranca el 24 de octubre (San Rafael Arcángel).

En los altares, el cempasúchil deshojado traza senderos de pétalos cuyo aroma penetrante y resplandor guían a las almas desde el Mictlán de regreso al hogar familiar.

En la India, el simbolismo guarda un profundo paralelismo. Sus tonos dorados representan la pureza, la energía solar y el fuego sagrado (Agni). Durante la puja —el ritual de veneración hinduista—, millones de guirlandas adornan las imágenes de deidades como Brahma, Vishnu y Shiva.

Los agricultores indios siembran entre junio y julio para hacer coincidir la cosecha con festividades como Dussehra, Diwali y la Durga Puja, realizando antes la Bhoomi Puja (veneración a la Madre Tierra) para asegurar la bendición divina.

Esta convergencia inspiró la reflexión de la cantante y periodista bengalí Koyel Basu, quien al presenciar las festividades en México reconoció la identidad del rito:

“Es fascinante ver cómo una flor logra conectar dos cosmovisiones tan ricas. En la India usamos el cempasúchil para las pujas, adornando los altares (…) Al estar aquí y ver los caminos de pétalos, la emoción es la misma: la flor como un canal entre lo terrenal y lo sagrado”, compartió Basu.

A diferencia del misticismo de México y la India, en China el cempasúchil recorre un camino enfocado en la longevidad y la industria.

Conocida en mandarín como Wànshòujú (“crisantemo de los diez mil años de longevidad”), se asocia con la salud y la prosperidad. Sin embargo, el gigante asiático destaca como el mayor productor global de pigmentos derivados de la flor, principalmente luteína, usada en la industria farmacéutica y avícola para dar color a la yema del huevo, comercializando además una variedad híbrida y ornamental que carece del perfume tradicional mexicano.

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