Todos debemos cuidar al IMSS. Es una institución ejemplo del país, aunque ahora pase dificultades. Cuántas vidas no se han salvado allí. Camelot
ALGUN DIA EN NUEVA YORK (ABRIL 2008)
Cierto día de ese año, este escritor se encontraba en Nueva York cuando llegaba al otro día el Papa. Algo escribí aquella vez. La rememoro.
“Uno entiende porque los poetas y escritores se han referido a las azoteas neoyorkinas como un referente de la ciudad. Son únicas. Se puede estar baboseando por horas los techos y cada uno de ellos cobra vida y deben tener una historia, como aquella azotea londinense cuando Los Beatles tiraron su último concierto. Nunca más estuvieron juntos, y quienes paseaban por las calles y oían música estruendosa arriba y alzaban el cuello para enterarse qué carajos ocurría allí, jamás entendieron que esa parte de la historia que se escribía era única: el último recital de Los Beatles juntos. Luego, las adversidades los separaron, pero esa es otra historia. Camino la Quinta Avenida de Nueva York. Hace calor después de un día friolento, la gente fuma en las calles, la prohibición aquí es dura y las multas son perronas. Uno tiene que quemar tabaco donde se pueda, nada de fumador furtivo. Cada bloque de calle son como cuatro cuadras nuestras. Los aparadores ofertan su mercancía. Los buses levantan gente a Coney Island, los que van a tomar el ferry. Hombres trajeados y mujeres en conjunto sastre, que terminaron de laborar en la Isla.
EN SAN PATRICIO
Cansado hago un alto en el camino. A media cuadra diviso la famosísima tienda Sacks Fifht Avenue. Del lado contrario, el Rockefeller Center. No ando de compras. Hoy no hago shopping, escasamente un par de zapatos en Century 21, y unas camisetas de souvenirs, como la de Obama con su lema “Yes we cant” (Sí podemos), que llevo dos, una para mi y otra para mi hijo. Allí frente la diviso. La buscaba. Es la Catedral de San Patricio. Voy a ella porque mañana llega allí Su Santidad Joseph Ratzinger, el alemán llamado Benedicto XVI. Leo, como Dios me ayuda, en The New York Times que el Papa se reunió con gente agraviada por la pederastia voraz. Fue una escena desgarradora, el Papa oraba con ellos y ellos lloraban a su lado, quizá en su mente pedía perdón a los miles que han sido vejados.
Hay una puerta aledaña abierta en San Patricio. Entramos los turistas. Subo los escalones que dan a la calle. Penetro a su lugar de rezos, ese que fue comprado en 1810 para ser escuela de jesuitas y terminó en templo en 1865. La seguridad comienza a apretarse. Mañana llega el Papa. Allí donde la saga Kennedy ha vivido sus momentos de dolor, cuando las tragedias les han pegado de lleno, lo mismo en las muertes de los sobrinos del presidente, del llorado y amado hijo y de la Jacqueline que pasó a ser Onassis. En San Patricio han celebrado los ceremoniales, unos de cuerpo presente, otros de cuerpo ausente. Es bella. Hay turistas con cámaras de fotografía y video. Imprimen sus placas en silencio. Hoy no
hay misa. Mañana la habrá con el enviado de Dios, ese hombre que lidera a mil 300 millones de católicos y que en Estados Unidos es ya la segunda religión de adeptos, después de los evangélicos. Ese hombre que también vino del frío, de un país desgarrado por dos guerras, que fue soldado en su juventud y que ha vivido el dolor a cuestas. Trae la palabra de Jesús a una comunidad urgida de paz espiritual”.
