Por Ruperto
En estos días ya pusieron
libres a tres guacamayas
pa que saltaran las mallas
y a los árboles se fueron,
muy contentas se pusieron
de que cambiaron de hogar,
pues ahora podrían ligar
a uno guapos guacamayos
que no fueran muy papayos
y les gustara sobar.
Nacieron en el acuario
donde los tenían chiqueadas
y además bien educadas
les daban comida a diario
y pues así, ¿Cuál calvario?
con el bocado en la mesa,
no que uno temprano empieza
a darle duro el destajo
o te corren del trabajo
pues el capataz te cesa.
Yo me encuentro muy seguido
a una doña guacamaya
hablando como metralla
de su adorable marido,
se la remienta a cupido
por habérselo mandado,
ya que es un desobligado
y eso no tiene remedio,
lo quiere quitar de en medio
y él se hace el desenterado.
También van las guacamayas
a tomarse un cafecito,
y disfrutar el chismito
de los cacos y gandayas
que se pasan de las rayas
haciendo tal travesuras,
que ya no quieren los curas
echarles la absolución,
los meten en un broncón
y a ellos les dan las agruras
