El Torneo de Gordos: hambre de gol

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La segunda edición del Torneo de Gordos despertó un interés inusitado, ya que en esta competencia exclusiva para jugadores de 90 kilos y más no sólo se trata de ganar, sino que hay estímulos por perder peso.

Por Raúl Ochoa

COATEPEC, Ver. (Proceso).- La segunda edición del Torneo de Gordos, que empezó en febrero pasado con 12 equipos de futbol de los municipios veracruzanos de Coatepec, Xalapa y Naolinco, despertó un interés inusitado, ya que en esta competencia exclusiva para jugadores de 90 kilos y más no sólo se trata de ganar, sino que hay estímulos por perder peso y, sobre todo, para que los jugadores salgan a dar lo mejor de sí en la cancha, oportunidad que no tienen en otros torneos.

“¡Córrele, gordo!, ¡échale ganas, como cuando estás cenando!”, “¡córrele, botijón, como si fueras a comprar unos tacos al pastor!”, “¡sal de la cancha antes de que termines infartado!”, “¡traigan la ambulancia!”.

Obesos, hipertensos, diabéticos, corren con osadía y entusiasmo sobre la cancha de futbol con los sueños intactos. No los intimida su sobrepeso ni les importa que la gente los descalifique, porque con su complexión física son felices.

Todos tienen hambre de gol en el Torneo de Gordos, que se realiza en esta localidad cafetalera, Veracruz. Es una experiencia novedosa que se volvió viral el mes pasado, tras su lanzamiento oficial. Desde entonces el organizador, José Renato Rebolledo, recibe llamadas de varias partes del país, al igual que de Argentina, Colombia, Chile y Estados Unidos, donde se interesan en el proyecto.

Aquí los protagonistas no son los grandes futbolistas ni ganan millonadas ni viven rodeados de lujos, con automóviles último modelo. Tampoco los patrocina ninguna marca ni son iluminados por los reflectores de las grandes cadenas de televisión.

Solamente se sienten afortunados cuando están en la cancha, por más desoladas que luzcan las tribunas en tiempos de pandemia. E incluso, sin previo calentamiento y con el riesgo que ello implica saltan al terreno de juego a entregarlo todo en un juego que se define en dos periodos de 20 minutos cada uno. Participan exclusivamente jugadores con peso de 90 kilos en adelante, que no por eso dejan de ser habilidosos.

El futbol de gordos es la vida para ellos. Sin importarles su talla y peso, se esfuerzan cada semana desde sus posiciones en el campo de juego para definir quién se queda con el estímulo especial para el jugador que más peso consiga bajar a lo largo del torneo, además del premio económico que el organizador ofrece al equipo que pierda la mayor cantidad de peso en promedio y, desde luego, la recompensa para los equipos campeón y subcampeón.

Ellos nunca sospecharon que un evento de esta naturaleza los reuniría con compañeros en su misma situación. En el futbol, el destino de la mayoría de los gordos es calentar el banquillo y animar desde esa zona al equipo: “¡Bien, bien, así se hace!”, ¡échale ganas!”. Si bien les va, pueden llegar a ?desempeñar la despreciada función de aguador oficial.

Luego de ser desdeñados y soportar las pesadas bromas, realizan sus sueños en este Torneo de Gordos. Tienen tal confianza en sí mismos, que la pandemia no los amilana.

Es más, el Sindicato de Petroleros de Xalapa, patrocinador del equipo Petrocuinos –uno de los 12 planteles del torneo–, les regaló a sus jugadores uniformes de la más amplia talla que pudo conseguir en la región: XXL. Pero les quedó pequeña y los jugadores se burlan entre sí porque algunos muestran el abdomen forzado a encogerse por la playera y la parte del ombligo salida.

Esta incomodidad tampoco frena sus buenas intenciones. Salen a ganar en cada jornada del torneo, entre bromas que amenizan la convivencia: “imagina que el balón es una dona glaseada”, dicen, por ejemplo.

Deporte y convivencia

En este torneo de obesos, que tuvo sus inicios en Inglaterra en 2016, no se permite la presencia de mujeres y niños en los juegos de hombres ni de varones cuando se trata de partidos en los que participan las damas, por cuestiones de la pandemia, ante el riesgo de que el aforo se incremente hasta 30% de su capacidad, explica Rebolledo, organizador y dueño de las canchas.

Dice que está acostumbrado a lidiar con los reclamos de los jugadores, enfadados porque no les autoriza presentarse con la esposa, la novia o sus hijos. “Las broncas las tengo diariamente con ellos, pues desde la entrada a las instalaciones los regreso cuando llegan acompañados de sus familiares… Tampoco se les engaña. Simplemente es asunto del gobierno, que no autoriza el ingreso de acompañantes”.

Luego de que el gobierno de Veracruz ordenó el cierre temporal de los espacios y recintos deportivos a causa de la pandemia, convocó a una junta a las ligas locales de futbol, en la cual estableció los parámetros para que retornaran a sus actividades. Una de las condiciones es que los deportistas y el personal de las instalaciones ingresen con cubrebocas, previa toma de temperatura.

La predisposición a burlarse de su complexión física está presente en los nombres de los equipos: los Mantecosos, Real Marranitos, Kilos Mortales, XXL, Chonchitos, Rompecatres, Porkys, Panzas Verdes, Cochilocos, Petrocuinos…

Cuando los jugadores de este último equipo identificaron al enviado de Proceso, al terminar el juego donde vencieron a los Mantecosos, reaccionaron en tono festivo: “nosotros también estamos en proceso… en proceso de engorda”.

Rebolledo observa que no todos los obesos tienen la misma complexión: “está el gordo mamado y el gordo fofo; están aquellos que pesan menos y no tienen mucho músculo. Aunque parecen más gordos, en realidad no pesan tanto. También están los gordos más parejos y los que nada más tienen panza, pero son flacos de los brazos y las piernas”.

Dicharachero y gritón en la cancha, Diego Herrera Aguilar es el capitán del equipo xalapeño Petrocuinos. Pese a su prominente abdomen es uno de los que más corren y se entregan. Hábil y decisivo en el grupo, Diego formó el plantel hace cuatro años junto al líder sindical Mario Parra, El Mamiche. Lo hizo para “realizar ejercicios y convivir con mis amigos gorditos”, pero hay otros estímulos:

“El torneo nos ha servido para quemar tantita grasa. Uno de los premios que ofrece la competencia es bajar de peso. Por lo tanto, entre más juguemos, más reducimos la masa corporal. Al término de tres fechas disputadas ya bajamos tantito de peso. Físicamente uno siente la diferencia del primer juego a la fecha. Vamos mejorando.”

La mitad de los integrantes de Petrocuinos trabaja en Pemex. La mayoría son técnicos operativos. Antes del Torneo de Gordos, participaron en las ligas de veteranos de la región.

“A quien sabe jugar no le importa el peso, la talla ni la edad. El que trae la técnica del juego marca la diferencia. Desde luego, es más cansado y demandante el Torneo de Gordos y el ritmo cardiaco es más exigente. La habilidad ya no es la misma, el sobrepeso tampoco te permite darte la vuelta con facilidad ni correr como lo hacías en tus años mozos. Hay que irse administrando ante el riesgo de un infarto”, relata Diego.

Para el jugador, la falta de médicos o paramédicos en el torneo “es un punto importante y delicado; hay que dosificarse en la cancha”. Y aunque su sindicato no les brinda asistencia médica, “tampoco ha sido necesario, gracias a Dios, pero hay que tomar previsiones”.

El Mamiche, líder sindical petrolero en Xalapa, es un veterano alto, corpulento, de piel morena y curtida que también juega en el equipo, aunque el día que Petrocuinos enfrentó a Mantecosos, el martes 2 de marzo, apenas participó. Es lo que menos le importa, pues dice que la plantilla se integró para darle un trato equitativo a los compañeros:

“Anteriormente formé parte de equipos en la categoría libre, donde no me metían a jugar o lo hacía por poco tiempo. Ahora jugamos todos. Aquí no se discrimina a nadie, jugamos cinco minutos, y el que sigue y el que sigue.

“Recientemente me discriminaron por gordo: no me metían a jugar. Ahora los gorditos estamos contentos. La regla es más equitativa y todos convivimos. En esas condiciones está el resto de los equipos.

“Es una realidad: a todos nos falta condición física. Es decir, corremos y cuando estamos cerca de la portería ya ni siquiera tenemos fuerza para alcanzar el balón, pero ahí vamos sacando el torneo.”

Parra es el goleador del equipo y en ocasiones funge como auxiliar técnico. Además se encarga de reunir el pago del arbitraje después de cada juego. “Aunque no lo creas, El Mamiche también nos paga por venir a jugar. Al salir de aquí nos invitará un par de tortas y una hamburguesa”, dice jubiloso un integrante del equipo.

“Echarle los kilos”

El capitán Herrera admite que no son jugadores de tiempo completo. Apenas salen del trabajo, se dirigen a la cancha de juego sin cumplir con un programa de entrenamientos en la semana.

Los hay prietos y güeros, altos y bajos, sudorosos, de piel curtida, acartonados, corpulentos y de prominente barriga. Lo mismo hay jóvenes que adultos, unidos por la pasión. El taxista Germán Suárez Colorado, de 45 años, integra al equipo XXL y se esmera pese a la adversidad corporal: “con lo poco que puedo correr, ahí andamos de defensa”.

En los últimos siete años el peso de Suárez Colorado se había anclado en 98 kilos. “El otro día que subí a la báscula al terminar el juego (vi que) bajé entre 300 y 400 gramos. Perder 300 gramos ya es demasiado para ir reduciendo la talla poco a poco. El torneo es una bonita experiencia porque nos permite cuidar nuestra salud, principalmente. Empecé a subir de peso por mi trabajo, pues casi siempre me la paso sentado”.

El organizador lleva un registro del peso de cada jugador, con miras a definir al ganador del premio motivacional. “Sin importar el peso, hay jugadores que conservan la técnica, la calidad y el toque, aunque dejaron de jugar. Más que nada es mentalidad propia, pese a que algunos se limitaron por su peso: ‘no juego porque ya ni corro’. Esto es como en todos los equipos: está el que juega, el que medio juega y los que no jugamos”, detalla Germán.

Un ejemplo de ello es Víctor Jaime Vega, estilista de perros que juega con los Mantecosos y tiene su propia filosofía: “echarle todos los kilos”. No en balde participa en seis equipos en la zona de Coatepec, “siempre contra chavos más delgados y atléticos. Aun así, siento que me defiendo”.

Víctor Jaime se acostumbró a jugar en categorías sin límite de edad y peso. No obstante, en el torneo de gordos, “en el que participas con personas de tu misma condición o peso, sinceramente siento más duro jugar con personas excedidas de peso, porque vienen chicos de 120 o 130 kilos, a quienes no consigues ni moverlos. Es un poco más complicado por su corpulencia física y el juego es más duro, más de choque.

“Lo presumo con mucho orgullo –agrega–: todos los que entran aquí, a pesar de su complexión, corren o trotan. Se pueden estar desmayando, pero el sistema del torneo te permite salir de la cancha, entra el otro y vuelves al campo de juego. Cabe más el orgullo de decir: ‘wstoy gordito y le voy a ganar a los otros gorditos’, porque no he escuchado a alguien que diga: ‘Juego aquí y me pongo a dieta’. Eso no es cierto.”

Todo se desarrolla en un escenario de tres canchas de futbol a las afueras de Coatepec, en un predio de hectárea y media extensión que todos identifican como “los campos de la Coca Cola”, ubicado frente a dicha embotelladora.

Rodeado de frondosos árboles de zapote negro y jinicuil, el terreno pertenece a la familia Rebolledo, que anteriormente lo destinó para la finca de café. Con el tiempo, la industria del café “dejó de ser negocio y quitamos el cafetal”, relata José Renato, quien desde hace ocho años impulsa el futbol 7 con la renta de canchas y la organización de competencias de todas las categorías.

“En el grupo apoyamos a algunos compañeros que no tienen para el transporte: los traemos de Xalapa a Coatepec, que está a media hora, pues la finalidad es hacer equipo”, relata el entrenador de Petrocuinos, Freddy Sánchez. “El beneficio para ellos, que están más pesados, es que aquí sí juegan y son titulares. Por eso están a gusto”.

El Torneo de Gordos se inició en 2020 con ocho equipos, pero la pandemia dejó inconclusa la competencia en la cuarta jornada. En esta segunda edición, que se inició el pasado 8 de febrero, se inscribieron 12 conjuntos, gracias a que el anuncio se viralizó en las redes sociales.

“A partir de ese momento se empezaron a interesar por el torneo y a compartir la información. Me hicieron publicidad gratis. No invertí un solo peso. Simplemente subí la convocatoria como lo hago con el resto de mis torneos. Fue muy curioso porque Facebook me bloqueó durante 24 horas. No podía darle un like ni nada, porque lo nombré ‘Torneo de Gordos’ y se consideró como un caso de bullying. A mí me borró la publicación, pero ya se había compartido muchas veces”.

En el torneo, bajo la modalidad de futbol 7 (seis jugadores en la cancha más el portero), participan equipos de Xalapa, Naolinco y Coatepec. Se disputa cada semana a una sola vuelta y clasifican los ocho mejores a la siguiente fase para avanzar a la final, en junio próximo.

El organizador, que al principio entregaría premios de 3 mil pesos y mil 500 pesos al ganador y subcampeón, además de 500 pesos al líder de goleo, incrementó el estímulo a 4 mil y 2 mil pesos, por el éxito mediático.

Esta modalidad se inició en Inglaterra en enero de 2016 con la creación de FATball League, la primera liga para gordos, en la que no basta ganar, pues hay puntos extra para los jugadores que bajen de peso en el torneo.