DE FILOSOFÍA Y COSAS PEORES

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Michael Torresini

 

Voy a continuar con el tema de antier, que en el primer mundo cualquier cosa que está a la venta va a seguir estando disponible. El mismo concepto aplica a los albañiles, a los carpinteros, a los fontaneros y electricistas: en el primer mundo para obtener un buen trabajo de cualquier clase se necesita de una cosa y una solamente-dinero; aquí se necesitan dos: dinero y suerte. Quizá más suerte que dinero. Hace rato, viviendo en Boca, un tipo me preguntó si es fácil abrir un negocio en Norteamérica, de lo que sea, en lo general. Pero yo lo decepcioné contestando en lo negativo: decir que las cosas o la hay o no las hay y si las hay las hay siempre y siempre en el mismo lugar es como decir que todo sirve bien, que cualquier artesano, comerciante o proveedor de servicios varios lo hace con puntualidad y eficiencia y la muy interesante conclusión es que en México es más fácil empezar una empresa, precisamente por la escasa competencia local.

En todo Norteamérica, en McDonald o cualquier otro restaurante de comida rápida, el servicio es lo más rápido de todo, rápido eficiente y amable. El packaging, la presentación es parte predominante de la mercadotécnica en la cual los gringos son los grandes maestros…O sin tener que traducir nada, en Colombia, inclusive en la tienda de la esquina, te dicen siempre sí señor, no señor. Hay que imitarlos. La culta Europa no es un ejemplo de marcado técnica como Norteamérica donde los empleados de cualquier lugar tienen que ser antes todos muy alegre y amable. En España, Italia, Francia o Alemania no hay ninguna garantía de amabilidad. Además, cabe agregar que en las capitales de la mayoría de los países europeo la gente no es nada amable, París siendo el mejor ejemplo: si pide una información en la Ciudad Luz es probable que ni te contesten, mientras que en el sur, en un pueblo de la Provence, te llevan cargado…

Podemos viajar y observar los diferentes modus vivendi de cada nación o podemos ser más pragmático y adoptar la postura de los pragmatistas en asociar la moral con el usufructo; es lo mismo de siempre, de tener solidaridad y así evitar la soledad de la mayoría, solos inclusive en una muchedumbre, solos por no considerar los demás por lo que son, sus semejantes, solos como son solos los habitantes de Macondo, la aldea de 20 casas de barro y cañabrava de García Márquez que no se meten de acuerdo, que faltan de civismo así como se pasa aquí.

Otra corriente inglesa es el Utilitarismo fundado por Jeremy Bentham y continuado por un filósofo político que finalmente se volvió más famoso que el propio Bentham, John Stuart Mills. No creo hubo un pueblo que pudo sobrellevar sus problemas tan inteligentemente, tan bien como los ingleses gracias al utilitarismo, una filosofía moral construida a fines del siglo XVIII, el siglo de la luz, que establece que la mejor acción es la que produce la mayor felicidad y bienestar para el mayor número de individuos involucrados y maximiza la utilidad. He allí un excelente ejemplo del uso de la filosofía para fines prácticos, y un perfecto ejemplo de la buena retórica, decir mucho con pocas palabras. He aquí una motivación al civismo y de allí al bienestar común.