DE FILOSOFÍA Y COSAS PEORES

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Michael Torresini

 

Sincretismo es un término que usa seguido en la academia filosófica para indicar la tendencia, particularmente en historiografía religiosa, a mezclar ciencia con creencia. En cualquier academia es importante la separación neta de las dos entidades, pero en la filosófica, lo es más, mucho más importante aún, pues el filósofo habla de lo que no se toca, de lo que no se entiende fácilmente y por ende es imprescindible esta clara división entre ciencia y creencia. En este sentido, en la academia filosófica se procede como en un estrado, como frente a un juez, donde no se puede decir nada que no se pueda comprobar. Esto ya lo he dicho para aclarar un poco que ES la filosofía, y para disipar la creencia que sea algo para pretenciosos y pedantes. Pero esta vez lo digo para aclarar el hecho que a veces parezca yo ateo. Mi abuela iba a la misa cada mañana; yo sólo los domingos, pero sí fue adoctrinado católicamente, cómo todos en Italia. Luego estudié filosofía y al final acabé con el máximo exponente del existencialismo, con Heidegger que no tiene nada a que ver con Nietzsche, aunque este se le considera casi uno de los iniciadores del existencialismo a lado de Kierkegaard. Martin Heidegger no es blasfemo como su coetáneo loquito, respeta a Dios, pero asevera que el pensamiento filosófico debe dejarlo afuera de su radio de acción. Y finalmente lo que yo creo es irrelevante, pero puedo decir de ser un buen cristiano porque me gusta el perdón-y no sólo por admirar a Cristo, sino también porque el rencor es simplemente estúpido y contrario a lo que trato de enseñar, pues lo que no perdona pierde y se envenena su propia vida para nada.

Y ahora quiero hablar de algo que no tiene nada a que ver con las creencias, pues Jesús Cristo es una realidad indisputable. Se puede dudar que fue hijo de Dios, pero nadie puede negar su existencia y su enseñanza. De hecho, hay historiadores que lo comparan con Sócrates-una comparación muy atinada ya que los dos fueron condenados a muerte por decir la verdad. La diferencia principal entre ellos fue que Sócrates se dirigía en sus discursos a gente culta-y fue condenado a muerte porque lo que él decía fue entendido muy bien, pero por gente culta y corrupta, los sofistas que fueron los primeros a ser pagados por su enseñanza; y lo que enseñaban era retórica, el arte del buen decir-que sin embargo se podía volverse el arte de engañar cambiando lo real en frente de los ojos de los que escuchan. Sócrates alertó los jóvenes acerca de esto y por esto lo condenaron a muerte.

Cristo en cambio hablaba a las masas, a los hombres de la calle; hablaba de cosas hermosas, pero no fue entendido; fue brutalmente malentendido y acabó en la cruz con la leyenda de mofa: Así pues, hicieron llevar encadenado a Jesús ante Pilato. Decían: “Es un revolucionario que amotina a la gente, prohibiendo dar tributo al César. Se ha hecho a sí mismo rey y no lo es en absoluto.” Por eso Pilato le preguntó: “¿Eres Tú el rey de los judíos?”. Y Jesús respondió: “¡Sí, lo soy!”. Jesús no es que prohibía dar tributo a César, predicaba el perdono que era totalmente contrastante con la potencia de Roma que estribaba sobre la ley pagana según la cual si uno te da una bofetada no solamente tienes el derecho de devolvérsela, sino hasta el deber. En otras palabras, Cristo predicaba algo que finalmente produjo el derrumbe del imperio romano, debilitando la fuerza de sus indómitas legiones. Calígula y Nerón no era tan locos como los describen, es que sabían que los cristianos con su ley del perdón, iban a acabar con Roma, y de hecho el primer imperador cristiano, Constantino, lo que vio la cruz y la leyenda “In hoc signo vinces”, fue el comienzo de la fin del imperio más importante de nuestra historia. Lo de Alejandro quizá fuera tantito más vasto, pero sin el vastísimo acervo cultural que nos dejó Roma. Su fama llegó hasta a Tierra Blanca con uno de su código civil más importante, el código gregoriano…