De filosofía y cosas peores

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                                                   Michael Torresini

 

Lo que sigue es lo que se escuchó el lunes en Radiomax y no salió ayer por mi olvido. ¡Perdón!

 

Cuando le entregaron el premio Nobel a García Márquez le preguntaron si era el mejor día de su vida, al que él remató “¡No el mejor día de mi vida fue cuando nací!”. Lo relato como puntualización de la cita que publicó Gilberto Haaz en su Acertijos el viernes pasado, que la vida es “la mejor cosa que se haya inventado”.

En mi última nota dije que la filosofía como la poesía nos ocurren, lo que es más cierto con la poesía que con la filosofía que de por sí misma es siempre el producto de un pensamiento, de una reflexión y no de una sensación. Dije que  “nos ocurre”: viene con los dilemas y las perplejidades que la vida y el mundo nos deparan, pero en realidad lo que nos ocurre es la poesía más que la filosofía, pues la filosofía por naturaleza propia es el producto de la razón, de una idea, de una duda, pero no de una sensación, así aclaro mi imprecisión antecedente, pues lo que nos ocurre es una simple sensación que produce otra sensación-y la filosofía no puede ser el producto de una sensación, mientras la poesía sí, pues es un poco como la música, como una canción romántica que un cantautor hace por las sensaciones que tiene por su novia.

El poeta se sienta ante una página con la necesidad de decir muchas cosas en ese pequeño espacio blanco…El mundo es grande, el poeta está solo y el poema no es que unos fragmentos de lenguaje, unos cuantos arañazos de una pluma rodeada por el silencio de una noche…Puede ser que el poeta desee contarnos sobre su vida, unas pocas imágenes de un momento fugaz en que estuvo feliz. Pero el deseo secreto de cualquier poeta es lo de detener el tiempo: recuperar un rostro, una imagen ya marchitada por los años…Y, además, el poeta está guiado por el deseo de decir la verdad, este reflejo de lo que las cosas son. La verdad importa al poeta. Pero ¿Cómo decirla y más aún como verla? Los realistas aconsejan: abre los ojos y mira. Los partidarios de la imaginación advierten: cierra los ojos y verás mejor: hay verdades con los ojos abiertos y verdades con los ojos cerrados, aunque a menudo no se reconocen mutualmente…Vivimos en una época en que hay cientos de manera de explicar el mundo. Todo es creído: todo tipo de religiones y todos tipos de especulaciones científicas. Acaso la tarea de la poesía sea escoger algo autentico desde los sistemas religiosos y científicos. Aristóteles, el primer gran racionalista, admitía que la poesía alcanzaba lo que la razón no podía-volviendo a mi aclaración previa. En efecto el gran defecto de la poesía y también uno de sus rasgos más sublime es que quiere incluirlo todo. Bajo la fría luz de la razón la poesía es algo que resulta imposible escribir: uno no tiene idea de lo que está haciendo, las palabras hacen el amor en la página cual moscas en el calor de verano mientras que el poeta no es más que un espectador embebido, pues el poema es el resultado tanto del azar como de la intención, quizá más del primer que de la secunda. Una y otra vez la poesía prueba que las teorías generalizadoras no funcionan: la poesía siempre será el concierto de gatos bajo la ventana del cuarto en el que se escribe la versión oficial de la realidad; pero el cuarto y toda la casa está pandeada, pandeada como si estuviera al punto de desplomarse por el peso del cielo.