De filosofía y cosas peores

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                                                   Michael Torresini

 

Durante el fin de semana tuve la grata visita de uno de mis cuatro lectores, un terrablanquense culto e inteligente que, para empezar, me dijo que sí hay gente culta aquí, pero poca ya que la mayoría se fue como él que ahora vive en Puebla donde sigue leyendo mis notas gracias al bendito Internet. Me preguntó este amigo porqué escribí que Einstein era filósofo antes de físico. Mi contestación fue tajante: lo escribí copiando sus propias palabras, nada más. Al que él me remató que le dieron el premio Nobel de la física, no de filosofía. A este punto ya empezaba a divertirme, ya me sentía el socratucho moderno que soy cuando trato de extraer la verdad desde mis pacientes menos elocuentes. Así rematé que no pudieron darle el Nobel de filosofía porque no existe: El señor Nobel, sueco, hizo mucha plata con su invención de la dinamita-y filántropo como fue, proveyó los fondos para quienes produjeran lo mejor de cada ciencia cada año. La literatura siendo una; sin embargo, no se puede hacer lo mismo con la filosofía por el muy sencillo hecho que no es un conocimiento, no es una ciencia, sino la ciencia de las ciencias, o la reina de las ciencias como se suele llamarla. Es algo que carece de la especificidad de un tema dado, una ciencia u doctrina.

Volviendo a mi primera respuesta, Einstein decía con razón, con mucha razón, que él es antes todo un filósofo porque todo, absolutamente todo lo que descubrió fue el resultado de una idea. En práctica fracasó muchas veces, pero siguiendo la misma idea finalmente coronó su sueño. ¿Cuál es el quid, el grano de todo el asunto? ¡La idea pues! Yo dejé de enseñar en la universidad de la Alberta porque no querían entender que la idea es substancia, es la causa efficiens de todo, pues eran adoctrinados por el pragmatismo americano (Chicago 1910), la única escuela de filosofía que tomó fuerza en Norteamérica, que consideraba la acción (praxis) como punto de partida.

Además, sí su descubrimiento principal por ganarse el Nobel fue haber podido calcular la increíble fuerza que puede emanar desde la fisión del átomo con la famosa formulita E=mc2, donde la E es la energía que es producida por la masa por el cuadrado de la velocidad de la luz. Aquí estamos hablando de física pura. Pero su inclusión del tiempo como cuarta dimensión del espacio es más filosofía que física-y lo más inteligente de todo, en mi opinión-encorvar el espacio para poder darnos una visión más realística del universo. La constante, la famosa constante de la cual siempre hablo, es la IDEA, el concepto, el Ser.

Entender su realidad circunstante, lo que ve y siente, siempre fue el gran deseo del hombre. Todo empieza en la Grecia de 600 ACN que ya dominaba vastos territorios incluyendo el sur de Italia donde se forma la primera escuela de idealismo llamada eleática; y como se pasa seguido en filosofía, también pronto surge la primera escuela opuesta, o sea materialista, los atomistas. Los primero sostenían que todo era un continuo devenir, los segundos que todo era constituido por partículas indivisibles-A TOMÓS en griego. Y así llegamos al filósofo más importante que hace silencio entre todos y les acuerda que lo que cuenta es que estén razonando. Ya las dos escuelas opuestas no son antagónicas pues son parte del pensamiento humano que la constante, la constante de la cual siempre hablo, la que nos da vista clara-razón por la cual estudié filosofía, para ver las cosas como son y no sólo como aparentan, o como nos las pintan. De aquí salen mis continuas críticas acerca de la video cultura y el mundo cibernético en el cual nos estamos hundiendo más y más porque así lo quieren los que mandan en el mundo. Para que compramos todo lo que vende Amazon y sin pensarlo demasiado…