De filosofía y cosas peores

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De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

Me gustaría continuar con algo de divertido cómo la última vez, pero cómo puedo serlo hablando de la paranoia de la dictadura de Zambrano y otros políticos de visión miópica. A lo mejor podríamos hablar de la dictadura del pueblo, algo que existía ya en la antigua Grecia. Lo mejor que puedo hacer con toda esta gente es acordarles que México FUE la dictadura perfecta desde demasiado tiempo-y aconsejarles que usen más el celebro. O me digan cual presidente fue mejor del actual…Miren yo hago esto, escribo esta columna porque me gusta, pero no me gusta enojarme. De hecho, acabo de enojarme con tres pacientes de la Zongolica que no entienden absolutamente nada no importa cuantas veces lo repita. Así que mejor continue con la parte de la medicina más malentendida. En Canadá estudiamos dos ciento horas más de los galenos y NO sabemos todo lo que ellos saben. Lo repito a cada paciente nuevo para que se relaje-lo que a veces es muy difícil, así retomo el tema aquí. Simplemente en Canadá concentramos en todo el sistema nervioso y el musculo-esqueletal, pero más que todo hacemos mucha práctica; por esto-y después de mucha experiencia, yo veo con la yema de los dedos, y NO necesito de radiografía-un derroche de tiempo y de dinero por el paciente. Y ni hablar de los que gastan miles de pesos para tomografías de resonancia magnética. El ejemplo ideal de mi argumentación se produjo hace ya años: un ingeniero cordobés acudió conmigo y parecía contento de saber que tenía una hernia discal-contento de saberlo después de tantas vueltas y como ocho mil pesos gastados, o mejor dicho botados. Le cobré cuatro ciento pesitos y salió sin hernia en quince minutos. Esto fue el caso más fácil. Y el más difícil fue lo que me trajo aquí hace trece años, el caso de Andrés Morán de La Victoria, que estaba tirado con tres hernias discales y una peligrosa cirugía como única alternativa. Demoré tres meses, desplazándome dos veces a la semana desde Boca del Río a La Victoria. Fue mucho trabajo, pero valió la pena: recientemente y después de estar bien durante trece años, lo traté por un mal movimiento-entró chueco y salió derechito. De las hernias sólo permanece el recuerdo. Y os relato esto porque hay gente que me pregunta cómo llegué aquí. Pues obviamente no vine desde Canadá a Tierra Blanca City directamente…
En este sentido mi trabajo me fascina, particularmente cuando hablo con gente recatada como hice con Maximino, el hermano de Mariana y otra que curé. Mariana necesita de un poco más, pues llevaba demasiados años con vertebras fuera lugar; es una autóctona con sólo la primaria, pero muy inteligente y deseosa de aprender; ella nunca me hace pesar el hecho que no queda pronto, como hacen otros pacientes que ya a la segunda vez me acuerdan que es el segundo tratamiento, a los cuales aclaro que no lo hago sólo por el dinero, pues mi finalidad es la de hacer la gente feliz-y la columna puede dar mucho dolor, muchos problemas…Y es precisamente para que la gente ENTIENDA esto que cobro menos y menos-500, 400, 300, 200 y cien pesos y si es necesario continuo gratis. Creo sea lo mejor que pueda yo hacer para que me entiendan. Así repito que trabajo sólo las tardes EMPEZANDO a las tres ya que mi gran limitación es constituida por el hecho que las vértebras se acostúmbranos a estar fuera lugar. Luego agrego que cada cosa se entiende mejor por medio de su opuesto, y que la situación opuesta a la suya es la de un señor que acaba de caerse, que tiene dos vértebras que están torturando el nervio ciático, por lo cual no puede pisar; entra en muletas-y sale corriendo. Quizá uno de los momentos más divertido de mi carrera fue hace unos años, cuando un tipo se iba olvidándose de sus muletas y que tuve que vocear, pues ya estaba en la camioneta y se iba a ir sin ellas. Definitivamente se puede decir que hay una discrepancia entre los minutos que demoro en curar y el tiempo que dedico a explicar, como relaté. Esto es el lado negativo de mi trabajo-de allí a lo susodicho.